En muchas circunstancias de la vida, nos cuestionamos acerca de por qué suceden situaciones difíciles, como la enfermedad física, fallidos intentos de entablar una relación amorosa, la muerte de algún ser querido, crisis a nivel emocional y psicológica que nos llevan a la tristeza profunda, de aquí a la depresión, y muchas veces terminando en suicidio, ya que se pierde el sentido de la vida, el horizonte por el cual caminar se vislumbra opaco y sin salida.

Volviendo al evangelio de Juan donde encontramos que Jesús mira al hombre ciego de nacimiento, surge una pregunta por parte de los discípulos, si éste nació ciego por su pecado personal o por el pecado cometido por sus padres y antepasados, traslademos esta pregunta al hoy de nuestra existencia, ¿por qué le pasan este tipo de circunstancias que describíamos al inicio del escrito a las personas en particular?

En el pueblo de Israel tenían la convicción de que si una persona como en el caso del hombre ciego de nacimiento se encontraba de esa manera, era por culpa de sus pecados, o los de sus antepasados, y así toda clase de enfermedad o de situación calamitosa, ¿pero realmente es esto así?; necesitamos descubrir que fuimos creados con libertad para alcanzar la felicidad, es decir, la realización plena de nuestras existencias, pero que estas realidades llegan a nuestra vida, a veces como consecuencia de nuestras decisiones, o de las decisiones y libertades de otras personas, que nos afectan irremediablemente.

Es necesario desligar el pecado como origen de estas circunstancias, éste es una realidad que acompaña a los seres humanos, cuando precisamente tomamos decisiones equivocadas, que generan consecuencias negativas para nosotros o para los demás, el pecado es la decisión consciente de hacerle mal a los demás o a nosotros mismos, tal vez está asociado, y puede ser origen de la situación, cuando esto depende de la decisión de otra persona, como sucede en una relación de pareja o de familia, en negocios o proyectos comunitarios.

Pero cuando hay una enfermedad, esta puede tener origen en los genes, en lo biológico que heredamos de nuestros padres, pero ni siquiera sus pecados, podríamos decir que son la causa de la enfermedad de un hijo por ejemplo, es importante entonces definir y clarificar que no es el pecado la causa de la enfermedad, por lo menos no de forma directa, sino que hay realidades que se salen de las manos de las personas, pero frente a esto hay que buscar enfrentarla con fe en el caso de un creyente, pero también con optimismo y ganas de vivir.

Es importante que frente a las distintas adversidades que la vida nos trae, debemos asumir una actitud de fuerte confianza, en lo que Dios puede hacer por nosotros, sobre todo ayudarnos a fortalecer la fe en nosotros mismos y en Él, para poder superar cualquier situación, si es difícil de hacerlo, por lo menos tener una actitud que nos permita permanecer tranquilos en medio de ella, sabiendo que hemos hecho lo mejor posible, pero no desgastarnos por eso, quejándonos, renegando de todo, porque esto de nada sirve.

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