Aunque a veces tengamos una buena visión natural, nuestra vida puede caminar en ceguera espiritual, o viceversa, tener una aguda visión en el Espíritu, pero en nuestros ojos físicos tenemos dificultades, en ocasiones tenemos muchas situaciones que nos confunden y necesitamos discernir, para esto nos remitiremos al evangelio de San Juan en el capítulo 9, en el signo de la curación del ciego de nacimiento, donde este descubrió lo maravilloso no solo de ver con los ojos físicos, sino con los del alma.