En los profetas, hay la doble misión de anunciar y denunciar, pero hay uno que se destaca por ser el profeta de la esperanza mesiánica, es Isaías, cuyo nombre en hebreo significa “Dios es salvación”, recibió su llamado en una experiencia de la santidad de Dios, que lo hizo puro y transparente para su misión, profetizó durante los reinados de Ozías, Jotán, Ajaz y Ezequías, en una época marcada por constantes ataques y asedios militares, esto al parecer favoreció a los poderosos, que abusan del pueblo, produciéndose vergonzosas injusticias y diferencias sociales.

En el Nuevo Testamento se le cita a menudo, el mismo Jesús hace presente su pensamiento y hasta sus palabras como en Lc 4, 18-19, es reconocido como el profeta de la espera por excelencia, por eso sus lecturas se hacen vigentes en este tiempo, y es porque su deseo de liberación desde Dios para el pueblo, lo hace ser combativo y luchador, hasta llegar ser muy fuerte y violento en sus palabras, con el solo deseo que la conversión llegue a los corazones de los creyentes.

Su obra proclama con frecuencia la esperanza mesiánica y promueve la confianza en Dios, destaca en ella el “libro del Emmanuel” (Dios con nosotros), llamado así porque anuncia la venida del Mesías para implantar el derecho y dar a conocer a Dios, este profeta visiona el esplendor futuro del Reino de Dios, que se inaugura con el arribo de un Príncipe de paz y justicia.

Isaías es el profeta que poseído por el Espíritu de Dios, actúa con un poder tranquilo e inquebrantable, anunciando lo que el Señor coloca en sus labios y en su corazón, a través de sus obras revela a Dios mismo, llevando a quienes saben descubrirlo, un amor profundo por ese Dios, en especial Isaías, quien con un alto talante espiritual lo refleja en sus escritos.

Isaías no solo es un predicador moralizante, es el que anuncia de gran manera la Parusía, la venida de Yahvé, predijo las catástrofes que se desatarán en el día de Yahvé (Is 2, 1-17), será este día el del juicio, esta venida del Señor trae consigo el triunfo de la justicia, en los capítulos 7 al 11 describe al Príncipe que gobernará con autoridad, pero sobre todo en la paz y en la justicia.

En su momento, el profeta anuncia el nacimiento del Príncipe de la paz y de la justicia, pero al mismo tiempo es el Emmanuel (Dios con nosotros), que le brindará a Israel, si lo acepta y lo recibe, la conversión que los conducirá a la salvación, de la misma manera, este anuncio se convertirá en la esperanza que alimentará por siglos a los judíos, en la espera de ese Mesías, que vendrá a regir con justicia y paz divinas, la historia de la humanidad, y lo salvará de sus pecados, conduciéndolos a la gloria de Dios.

En esos momentos se habla de ese Mesías, que en la figura del Siervo del Señor, vendrá para hacer posible esta promesa, pero va a ser en los nuevos tiempos, que ese Mesías Salvador del mundo va a llegar para anunciar y proclamar el Reinado de Dios, ese “Emmanuel”, no es otro que Jesús de Nazaret, por quien tanto esperaron, y cuando lo tuvieron frente, no lo reconocieron, pero aquellos que lo pudieron recibir y reconocer, encontraron la bondad y la misericordia de Dios para sus vidas.

“Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: Mirad, una doncella está encinta y va a dar a luz a un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel.” (Is 7,14) Esta es la profecía de Isaías, y este tiempo es el cumplimiento de la promesa hecha por Dios, desde su venida a la humanidad, Jesús, Hijo de Dios está con nosotros, hasta el final de los tiempos.