Ojalá yo hubiese tenido a alguien que me lo hubiese dicho cada vez que intenté hacer que las cosas salieran bien. Alguien que con tranquilidad me dijera: ¡Ey, no te aceleres, bájale 2! Porque si algo tengo, y he tenido siempre, es la mala costumbre de vivir acelerado, de pensar que todo tiene que ser ya y que si un día no hay respuesta, entonces me voy al siguiente día a buscar otras preguntas. Eso me ha costado muchas cosas buenas de mi vida. He perdido oportunidades por creer que acelerando las cosas iban a ir mejor. Entonces pienso, que cuando uno corre mucho, se cansa y es probable que por cansado, no llegue a la meta. Así nació esta reflexión. Venga intento explicar.

Vas por la vida persiguiendo sueños. Te esfuerzas por hacer que las cosas te salgan bien y pretendes así llegar a la meta. Das todo de ti. Estás dispuesto a madrugar o trasnochar cuando eso sea necesario, porque el futuro lo vale, porque sabes que allá vas a ser feliz. Pero bueno, llegan entonces esos momentos de desiertos y cuestionamientos a la vida, que acaban haciendo repensar lo que hasta el momento se ha hecho.

Entonces, vienen las preguntas: ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estaré muy atrasado? ¿De verdad estoy avanzado? ¿Todo esto para qué? Esto no es lo peor. Llegan también esas absurdas ganas de comparar la vida propia con la de aquellos que están a nuestro alrededor y que al parecer han tenido más suerte. Entonces, ¿por qué el otro tiene el trabajo que quiere, y yo, que me esfuerzo mucho más no? o peor aún, ¿Por qué si ya muchos a mi edad han conseguido tanto, yo sigo aquí intentándolo? Mala costumbre esa de lacerar los sueños con las metas de los otros.

Es entonces tiempo de entender que todo va a su tiempo. Que la vida de cada uno es distinta y que las dinámicas son cambiantes. Que no estás obligado a tener lo que el otro tiene, ni mucho menos a competir con él. Que el esfuerzo que estás haciendo es valioso, porque es tu esfuerzo. Que es normal que te cueste un poco, porque entre otras cosas, las vainas que valen la pena, siempre requieren cierto sacrificio. No es tiempo de forzar las situaciones, porque se pueden romper. No es tiempo de caer en la desesperación que acaba con las ganas de salir adelante.

Date tu tiempo, disfruta el proceso. Aprende a acariciar la trama, que igual el desenlace ni lo conoces. Seguro que llegarás. Y sí, cuando la vida te tenga desencantado, mira para atrás y date cuenta que ya todos los esfuerzos hechos, han valido la pena. Que no estás en el mismo lugar en el que empezaste. Que te has movido, así sea solo un paso, pero has avanzado. Ey, no te aceleres, vas en tu tiempo. No te aceleres, lo vas a alcanzar. No te aceleres, bájale 2, que en esa carrera que intentas ganar, solo corres tú.