Evangelio según San  Juan 3, 5. 7 – 15

Terminamos esta octava de pascua el sábado pasado y yo les decía que esa época era como un solo día, es decir, durante ocho días se consideraba un solo día para la meditación en torno a la resurrección de Jesucristo. Por eso los textos eran sobre la resurrección, el testimonio de los discípulos.

Iniciamos esta segunda semana de pascua, y ¿Qué vamos a ver durante este tiempo? De manera especial vamos a meditar primero en el bautismo y segundo en la Eucaristía. Esos son los dos temas gruesos que vamos a ver durante estos días de pascua. Que son dos sacramentos típicos, propios de la pascua y también estaremos meditando en los discursos de despedida de Jesús, en otras palabras, vamos a estar leyendo el evangelio de San Juan, durante todo este tiempo de pascua, con tres temas: El bautismo, la Eucaristía que son sacramentos propios de la pascua y tercero, vamos a estar viendo textos de los discursos de despedida del evangelio de San Juan que son los capítulos 15, 16 y 17.

Hoy comenzamos el tema del bautismo, aunque lo comenzamos ayer, pero como ayer era al solemnidad de la anunciación entonces omitimos este evangelio, pero ayer Jesús comenzaba un tema con Nicodemo, porque fue de noche a ver a Jesús, es como un discípulo oculto de Jesús que va de noche para que nadie se dé cuenta de que quiere encontrarse con Jesús y entablar un diálogo con el maestro; y entonces Jesús empieza a decirle a Nicodemo que hay que nacer del agua y del Espíritu, cuando nos dice eso el evangelio, ¿En qué pensamos? En el bautismo.

¿Qué plantea Jesús? Entonces, ese es el primer aspecto del texto de hoy, dice Jesús: Mire, el hombre entra en una nueva realidad, hay una nueva dinámica, por el bautismo el ser humano entra en una nueva relación con Dios, y esa relación con Dios, hace que viva una nueva manera de ser, que es a la manera de Dios. Es decir, el ser humano obra, ya no mundanamente, paganamente, sino divinamente, “Jesusmente”. Esa es la nueva dinámica, nosotros por el bautismo entramos en una nueva relación con Dios y esa nueva relación nos lleva a una nueva manera de vivir, de obrar y actuar, nos introduce en una nueva relación y por tanto una nueva manera de vivir.

Una nueva dinámica de ser y de vivir, se llama la solidaridad, la fraternidad, mientras el mundo piensa en un egoísmo, en el retener y acaparar, el cristiano está pensando en cómo ser solidario, fraterno y cómo ayudar.

Segundo, el evangelio de San Juan nos dice, que el ser humano ya no es antropocéntrico, sino que es teocéntrico, cristocéntrico. Explico esto, si yo entro en una nueva relación con Dios, yo comienzo a funcionar en clave de Dios, es decir que mi vida gira en torno al Señor, no a otros intereses, no a otras comprensiones, no a otros valores, sino en torno al amor y la misericordia de Dios que se ha desbordado en la cruz de Jesús. Por eso al final del evangelio se habla de eso, cuando el hijo de Dios sea levantado en lo alto, es decir en la cruz. El hombre no gira en torno a los intereses, a los valores, a las ambiciones del mundo, no; el que se ha introducido en Dios, girará en torno a los valores del evangelio, en torno a Dios.

Yo creo que esa es la lucha del cristiano, es cómo cada vez más nuestro corazón está en sintonía con Él, porque siempre estarán llamándonos los ‘valores’ del mundo a funcionar como el mundo funciona y esa es la lucha constante, es lo que nos plantea el evangelio.

Entonces ya mi vida giraría en torno al Señor, sería un Cristocentrísmo, en torno a Jesús y yo creo que eso tiene de largo y de ancho, ¿Qué nos mueve? ¿Qué nos movería la existencia? ¿Por qué obramos de una u otra manera? ¿Por qué los primeros cristianos podían dar la vida? ¿Qué los hacía moverse a ellos? Pues era esa dinámica, descubrir que la vida tiene sentido en la propuesta de Jesús, que la vida tiene verdadero significado y valor en esa propuesta. Que hay más alegría en dar que en recibir, que hay más alegría en amar que en ser amado, cuando usted ama profundamente se sentirá amado profundamente.

Cuando usted conoce lo que usted vale a la luz de Dios, cuando reconocemos lo que valemos como seres humanos, descubrimos lo que vale el otro ser humano, cuando usted descubre eso, de ahí se desprenden cualquier cantidad de cosas… ¿Por qué obrar en justicia? Pues la respuesta está en Mateo que nos dice, miren la medida que ustedes usen, la usarán con ustedes, no haga a los demás lo que no quiere que le hagan a usted.

Estas sentencias del evangelio son claves en la dinámica del ser humano, la experiencia de Dios genera una actitud en la existencia que la puedo leer en cosas, en hacer a los demás lo que quiero que me hagan a mí, en amar, etc… Pero eso es como el desprenderse de una actitud mía del mundo y eso depende de la experiencia que se tenga con Jesús. Ahí está la clave, donde yo descubro la vida y la redimensión de la existencia, con esa experiencia de Dios. Por eso giro en torno de Dios y mi vida está en torno al Señor, no en torno a otras cosas.

Tercer aspecto, eso no es entendible si usted no está en la dinámica de Dios, eso es lo que dice el evangelio, es decir, estas nuevas realidades sólo las entenderá el que esté en clave de Dios y quien no está en clave del Señor no las va a entender. Es decir, que si usted dinamiza la experiencia de Dios, entiende las maravillas del Reino, entiende lo significativo, comprende lo que realmente significa ser cristiano.

Pero cuando usted no está movido por eso y ve a alguien que vive su experiencia personal con Jesús va a pensar que esa persona está loca, que no actúa como lo pide el mundo. Por eso Jesús dice, mire las cosas de lo alto, sólo las entienden los que estén en la dinámica de Dios, quienes no están en ese camino, entenderán sólo las cosas de aquí del mundo. Por eso usted tiene que nacer de lo alto: Lo que nace del Espíritu es Espíritu, lo que nace de la carne es carne, es eso, es entender otra dinámica.

Yo quisiera terminar diciéndoles: Miren, ustedes y yo en el bautismo, vivimos una experiencia, que no es una realidad futura; la experiencia con el amor de Dios, de las maravillas del Reino, no es algo que va a vivir en el futuro, no, porque es algo que estamos viviendo en el presente; en otras palabras, ustedes y yo estamos llamados a vivir todos los días nuestro bautismo. Estamos llamados cada mañana, cada tarde, cada noche a decir: “Señor, mi corazón es tuyo. Yo sumerjo cada vez más mi vida en ti Señor, yo sumerjo mi corazón en la manifestación plena de tu amor en tu cruz, sumerjo ahí mi corazón para morir a mí mismo y muriendo a mí mismo tener una vida nueva”, como lo dice San Pablo en la carta a los romanos en el capítulo seis. Debemos hacer eso todos los días.

¿Cómo tener una vida nueva? Pues muriendo a usted mismo para renacer con Él, es decir, ¿Cómo morir a mi egoísmo? ¿Cómo morir a esto que plantea el mundo? Debemos luchar y morir a todo eso y decirle Seor te reconozco todos los días como mi señor y mi salvador, enséñame a obrar de tu manera y dame la suficiente fe y convicción de que esto que hago, de que esta forma en la que obro, es la manera correcta, dame la convicción ayúdame a ser profundamente cristiano, ser cada vez más cristiano, cada vez más parecidos a Jesús.

Por eso el bautismo tiene esas dos realidades profundas e inseparables, es el signo sacramental cuando a ustedes y a mí nos echaron el agua, nos ungieron en el óleo y con el crisma nos consagraron para Dios y ese es el signo espiritual, pero el sacramento lo vivo todos los días de mi existencia. Y eso es inseparable, el agua y el aceite son inseparables de vivirlos todos los días, decir: Señor he sido consagrado para ti, ayúdame a vivir como cristiano, ayúdame a vivir en esa dinámica.

Porque esto es importante, porque cuando uno mira en la realidad del mundo, ustedes y yo vivimos como en una burbuja, pero la realidad del mundo es distinta, es complicada pues los corazones de algunos seres humanos están un poquito desarticulados. Las maneras de vivir de la cultura de este mundo, es fruto de una acción del ser humano, de un actuar particular del hombre, la cultura no aparece misteriosamente, no… los hombres son los responsables de esto y eso es fruto de una manera de obrar del ser humano, de una manera de cómo está compuesto el corazón del ser humano, pero si seguimos por ese camino es crónica de una muerte anunciada.

Si seguimos obrando como hombres lejos de Dios en este planeta, vamos a acabar con todo, hay muchos rapaces y también hay gente buena, pero esas personas buenas, lamentablemente no tienen el dedo puesto en el botón que lleva a la destrucción, son los malos quienes parecieran tener el control. Oremos y actuemos por hacer el cambio.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.