Hambre y sed son definiciones de la necesidad básica del ser humano para sobrevivir en el mundo terrenal, Dios nos ha creado con unos propósitos y unos objetivos para la vida física. Pero, también nos creó con la necesidad de buscar y encontrar la vida espiritual. Según la Biblia, “El hambre de Dios” es conocer y acercarse más a Él, las personas que encuentran ese camino están a salvo y bendecidos. Así mismo, el hambriento se llena de bienes y el deseo de recibir el Espíritu Santo se basa en tener sed de Dios y anhelo desde el corazón.

El magníficat dice “que a los hambrientos los colman de bienes y a los ricos los despide con las manos vacías”. También, en San Juan dice “el que tenga sed pues venga a mí y beba, desde su interior correrá los ríos de agua viva”. Eso es lo que busca Dios, la necesidad de ese amor y la voluntad de servir a los demás.

La palabra de Dios, a través del profeta Ezequiel cap. 36 V 25-27 “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.

Muchas veces nos llamamos cristianos, pero tenemos un corazón maltratado y contaminado por las diferentes situaciones o circunstancias negativas que se nos presenta en la vida y es ahí cuando tenemos que buscar de la ayuda y el amor de Dios, Con anhelo, fe para lograr un cambio y ser mejor, sentir un corazón renovado, limpio por las agua puras que el Señor nos ofrece y poder transmitir solo cosas positivas a la vida.