Alguna vez una persona en una clase me preguntó: ¿Por qué hablas tanto del Antiguo Testamento?. Mi respuesta fue: cuando me acerco al Antiguo Testamento, encuentro un deseo de lucha de un grupo de hombres y mujeres que guerrean no solos, sino con el poder impresionante de Dios en ellos. En este sentido la cuaresma de Elías me impacta mucho, pues él es uno de aquellos hombres del Antiguo Testamento que posee una fuerza sin precedentes, tanto así que sus palabras llegan a ser consideradas como fuego que quema “Luego apareció, como un fuego, el profeta Elías, cuyas palabras quemaban como un antorcha.” (Sir 48,1). Todo esto lo lleva a exponerse a situaciones complejas, difíciles e incluso de muerte. Ahora bien, en todo esto es movido, no por su propio deseo, capacidad, fuerza, sino por el poder de Dios en él.

Elías se esfuerza por mantener al pueblo instruido en lo que se refiere a la fidelidad para con Dios y también se encarga de exterminar la idolatría que promueve Jezabel, ella personifica la maldad e infidelidad. Esto trae en consecuencia para Elías que sea perseguido, odiado y rechazado “envió Jezabel un mensajero a Elías diciendo: «Que los dioses me hagan esto y me añaden esto otro si mañana a estas horas no he puesto tu alma igual que el alma de uno de ellos.»” (1 Re 19,2).

Elías es amenazado de muerte y como es de esperarse se apodera de su persona el miedo, pánico, la incertidumbre: “El tuvo miedo, se levantó y se fue para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado” (1 Re 19,3). Es entonces cuando huye al desierto: “Él caminó por el desierto una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama. Se deseó la muerte y dijo: «¡Basta ya, Yahveh! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres!»” (1Re 19, 4) desilusionado y desesperado. Ir al desierto en esta situación quiere decir, que él sigue luchando, ahora no tanto contra la idolatría o infidelidad, sino en su propio ser, en su humanidad es donde Elías emprende una lucha, él guerrea con su desilusión; pierde el deseo de vivir, al punto de orar pidiendo la muerte.

Dios no es ajeno a esta realidad que vive y lo alimenta en dos oportunidades “Se acostó y se durmió bajo una retama, pero un ángel le tocó y le dijo: «Levántate y come.»” (1 Re 19,5) “Volvió segunda vez el ángel de Yahveh, le tocó y le dijo: «Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti.» (1Re 19,7) en su crisis existencial, no sólo con el alimento físico, sino sobre todo con su palabra poderosa que le da nueva fuerza, que lo lleva a descubrirse quién es, le confirma para qué ha sido elegido y sobre todo lo levanta de esta situación tan desastrosa que vive “quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela.»” (1Re 19,10) Elías tiene una fuerte y transformante experiencia. Dios con su tremendo poder le renueva “Volvió segunda vez el ángel de Yahveh, le tocó y le dijo: «Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti.»” (1Re 19,8) el sentido de la vida; su ministerio profético. Esta es una cuaresma en un momento de profunda crisis, dolor, depresión. Sin embargo, en esta ambiente lo alimenta con su Palabra y el pan.

Este alimento trae tres impactos en su vida:

  1. Fortalece su ánimo.
  2. Reaviva su experiencia con el Señor que lo ama entrañablemente.
  3. Dios lo pone en un camino nuevo, le da una nueva misión y en ella una nueva bendición.
  4. Elías continúa inspirando valor a los que lo rodean.

Recuerda:

  • No te rindas, sigue luchando, las dificultades y problemas hacen parte de la misión; ellas nos llevan a tener siempre presente que la obra es de Dios, por tanto, son necesarias, nos ayudan a tener contacto permanente con Dios a través de la oración, la lectura de la Palabra y la vida con los hermanos.
  • La soledad (desierto) es necesaria para llegar a descubrir quién eres, no la evadas, vívela y te aseguro descubrirás elementos sin precedentes que desconocías, como son: el poder que hay en ti, tus múltiples cualidades, carismas y potencialidades.
  • El desierto no es eterno, cuando lo superas, abre tus ojos, porque ahora tu mirada es diferente, ahora se encuentra dentro de ti, un poder otorgado por Dios que es capaz de sobreponerse ante cualquier adversidad, también él da fuerzas nuevas, las cuales son precisas para levantarse y seguir caminando a otro lugar.