Hay una afirmación que me llene de ánimo siempre que la leo: “Todo es posible para el que cree”. (Marcos 9,23). Me animo porque sale de la boca de Jesús ante la petición-pregunta del papá de un niño epiléptico “Por eso si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”…

Hay una afirmación que me llene de ánimo siempre que la leo: “Todo es posible para el que cree”. (Marcos 9,23). Me animo porque sale de la boca de Jesús ante la petición-pregunta del papá de un niño epiléptico “Por eso si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. Es el poder de la fe. Es entender que creer en Dios nos da posibilidades que desbordan nuestra imaginación. La fe supera toda limitación. La fe es confiar en el poder de Dios que no tiene límites porque Dios es el absoluto. Cuando depositamos nuestra vida en sus manos ya no estamos simplemente confiando en lo nosotros, seres finitos, podemos hacer, sino que estamos confiando en Aquel para quien todo es posible (Marcos 10,27).

Esa afirmación que hace Jesús a este hombre debe generarnos una actitud optimista y decidida en nuestras vidas. Nosotros somos gente de fe, creemos en el poder de Dios y estamos siempre clamando a Él por nuestro bienestar; pues entonces, a partir de ahora, tenemos que ser capaces de no ponerle límites a su acción y confiar plenamente en su actuación. Sé que muchas veces olvidamos quién es Dios y cuál es su naturaleza, tratándolo como si fuera uno de nosotros. Poniéndole unos límites que Él no tiene.

Hoy quiero invitarte a pensar en el poder de la fe, a creer que con fe y trabajo lo puedes conseguir todo. Si crees eso, podrás salir hoy a trabajar, a luchar, a compartir la vida con los demás hermanos, lleno de una actitud bien optimista que te hará capaz de cumplir todas las metas que te has propuesto.

Es necesario confiar y creer en el poder de Dios para vencer ese negativismo que, como una epidemia, busca contagiar a todos los que con el corazón abierto quieren construir la vida. Estoy convencido de que puedes salir adelante y vencer las dificultades que tienes. Pero debes hacer crecer tu fe, tienes que pedirle al Señor que te haga crecer en la fe: “Creo; pero ayuda mi falta de fe”. No vas a seguir llorando, ni creyendo que todo está perdido, vas a creer en el poder de Dios y vas a luchar para salir adelante.

Ahora, esto no puede entenderse desde el fanatismo. El poder de la fe necesita de nuestra fuerza; no sólo de ella, pues Dios está actuando también, pero requiere que tengamos una militancia y un compromiso decidido. Esto lo digo porque muchos ahora piensan que basta con creer sin actuar y eso no es cierto. Hay que actuar, salir de nosotros, buscar al Señor, tomar conciencia de nuestro problema-incapacidad y plantearlo frente al Señor, siendo conscientes de que tenemos que salir adelante. No olvidemos que el poder de la fe, a veces, nos lleva también a aceptar lo que no nos gusta, pero que es válido en el plan de Dios.

No podemos negarnos a la derrota y al fracaso pues estos forman parte de la vida y nos ayudan a crecer y a ser mejores. No podemos entender la fe como una victoria continua, sin ninguna dificultad. Eso no pasa en nada que sea humano. En la realidad siempre hay dolores y tristezas. Teniendo claro que éstas circunstancias nos ayudan a ser mejores cada día, asumamos la existencia con fe. Y es que son los vientos en contra quienes nos permiten, gracias a la fuerza aerodinámica, despegar para volar bien alto.

Cuando veo a los jugadores de fútbol hacer una ronda en la mitad de la cancha y orar; me pregunto si le estarán diciendo a Dios que aceptan la derrota, que también les ayuda a ser mejores. Seguro que sólo dicen que quieren ganar. Y allí sí no sé qué hace Dios porque es muy seguro que los dos equipos estén haciendo la misma petición. El poder de la fe es sólo victoria; pues algunas veces esa victoria pasa por la derrota, no lo olvidemos.

Esto nos deja claro que no podemos entrar en crisis de fe porque aquellos que pedimos a Dios, no nos lo concede. Pues de fe entiende que esa posibilidad también forma parte de la condición humana. Los que sólo quieren que todo salga como lo desean o lo planearon, no tienen fe; sino que están tratando de manipular a Dios.