Nos sorprende, nos asusta, nos convierte en víctimas o en cómplices. Nuestra reacción, como madres, poco parece influir ante unas niñas que todo lo pueden: eligen sus looks, se maquillan y siguen a cantantes o actrices que derrochan erotismo…

Nos sorprende, nos asusta, nos convierte en víctimas o en cómplices. Nuestra reacción, como madres, poco parece influir ante unas niñas que todo lo pueden: eligen sus looks, se maquillan y siguen a cantantes o actrices que derrochan erotismo. “Las mamás se preguntan: ¿a qué edad puede mi hija usar una vestimenta sexy? ¿Estimulo la compra? ¿Hay momentos para cada tipo de ropa y accesorios? Me divierte que se vista igual que yo… ¿Está mal?”, ejemplificaEmilia Canzutti, psicóloga especialista en vincularidad temprana y co-fundadora de Momento Cero.

En Sur América, y en muchos lugares del mundo, cada vez se da más un fenómeno que tiende a «adultizar» a los chicos y desconocer los tiempos propios de su desarrollo. Así, se propone iniciar a niños de tres, cuatro o cinco años en diversos procesos pedagógicos cuya complejidad es inadecuada para sus posibilidades neurológicas. También se habla de una hiper-sexualización de la niñez, algo que queda en evidencia en los concursos de belleza de Estados Unidos que exponen a “mini reinas” con extensiones, uñas esculpidas y bronceado artificial, moda que se extiende a nuestros paises.

“En la sociedad se está tratando a los niños como adultos. Esto se da especialmente con las niñas: las hacen creer que son adultas habilitándoles una moda que no es para ellas”, le explica Sergio Fajn, psicólogo y coordinador general de programas de Lekotek, una asociación civil que usa lo lúdico para integrar a los niños a la sociedad.

De la fantasía a la realidad

Circunscripto en un juego, muchas cosas se permiten: usar maquillaje, pintarse las uñas, lucir ropa y accesorios de chica grande. Pero, ¿qué pasa si eso va tomando otro color y la niña dice: “si no llevo las uñas pintadas como hace fulanita no quiero ir al jardín”?. “Si dejamos que invada más allá de los espacios de juego y que empiece a vestirse como una niña más grande, hasta sexy, podemos estar favoreciendo agrandarla antes de tiempo”, nos alerta Emilia Canzutti.

“Si toman la ropa para jugar, las nenas están experimentando, aprendiendo y luciendo como alguien que hayan visto o imaginado. Distinto es cuando quieren usar ese atuendo en lo cotidiano”, coincide Fajn y advierte: “no es bueno adelantarles los momentos a los niños”.

Los riesgos de “adultizar” a los hijos

• La moda tiende a igualar la estética de las mujeres adultas y de las niñas. El problema es que las diferencias de edad se borran y esto lleva a las pequeñas a pensar que crecieron más rápido.

• Los chicos pasan de largo una etapa y sienten que entraron a otra sin estar preparados. No les corresponde ser adultos.

• Por no tomar conciencia o porque es divertido verla como una nena sexy, perdemos de vista el recorrido en tiempo y forma que hace cada persona en lo físico, madurativo, emocional, social y sexual.

• Cuando las chicas parecen más grandes de lo que son, la sociedad puede exigir de ellas algo que su mente no entiende. También las exponemos a peligros y, quizás, ellas no sepan cómo salir de alguna situación desagradable.

• Cuando los hijos son adolescentes, “adultizarlos” puede traer problemas para poner límites y marcar cuidados.

Cada cosa a su edad

¿En qué momento las chicas pueden empezar a decidir sobre su imagen? “Con el ingreso a la secundaria (a los 13-14 años) comienzan a independizarse más con el tema de la ropa. Obviamente, la mirada de los padres debe seguir estando. Alrededor de los 15 empiezan a ir de compras con sus amigas”, nos orienta Sergio Fajn.

Otra pregunta: ¿cuándo puede una niña empezar a maquillarse, a usar tacones, aponerse tops y minifaldas? “Lo más recomendable es que empiece a los 16, cuando ya tiene una concordancia física y mental con su actitud”, explica Fajn y sugiere que, en esta etapa, la madre o una figura femenina acompañe a la chica y le de consejos para tener una imagen adecuada.

Y por último: ¿cuándo las podemos “dejar ser”, con total libertad? “A partir de los 18, aproximadamente, se puede permitir que las chicas elijan cómo vestirse sin la supervisión de los padres”, concluye Emilia Canzutti.

Claves para aprender a decir «no»

• Los límites tienen que ser claros. * Siempre hay que dar el motivo de por qué no. La explicación debe ser acorde a la edad del pequeño. Hay que dejar en claro que podrá hacerlo cuando llegue el momento adecuado.

• Los padres no deberían dejar en sus hijos la decisión de compra. Tienen que mantener un buen diálogo con ellos y explicarles que es necesario usar una vestimenta acorde a la edad.

• No dejar que los hijos elijan continuamente qué programas mirar. A través de la televisión, los mensajes que los tratan como adultos les entran de manera directa.

• Recordemos que somos el ejemplo de nuestros hijos. Lo que decimos y hacemos es siempre observado por ellos.