¿Qué hacer con la gente que no nos quiere y se comporta como nuestros enemigos? Así me pregunta la señora, con cara de tristeza y de angustia. Le respondo que debe comenzar por hacer realidad la petición que nos hace el evangelio de amar a nuestros enemigos (Mateo 5,43-48)…

¿Qué hacer con la gente que no nos quiere y se comporta como nuestros enemigos? Así me pregunta la señora, con cara de tristeza y de angustia. Le respondo que debe comenzar por hacer realidad la petición que nos hace el evangelio de amar a nuestros enemigos (Mateo 5,43-48). Sí, en el evangelio se nos pide que en nuestro corazón no haya odio, ni rencor, ni ansias de venganza contra nadie, ni aún contra aquellos contra los que tendríamos razones para tener esos sentimientos. Es más, se nos pide orar por nuestros enemigos, y ¡Pilas! Estoy seguro de que esa oración que se nos pide por ellos es de bendición y prosperidad. No te imagino diciéndole a Dios Amor ¡elimínalos! No. Eso no cabe en la lógica de misericordia de Dios. Teniendo esta petición del Señor como presupuesto le propuse a la señora las siguientes reflexiones:

1. Hay gente que no nos quiere y tienen razón para no hacerlo, pues nosotros le hemos fallado o, simplemente, le hemos hecho daño –algunas veces sin darnos cuenta y otras veces con toda la intención- y están resentidas. A ellas debemos pedirles perdón y hacer un cambio de actitud que no nos permita dañarlos más. Tenemos que ser conscientes de quiénes somos y de qué hacemos, sabiendo comprender las reacciones de los demás ante nuestros comportamientos. Es obvio, que ninguna acción justifica una reacción violenta; pero también es claro que, algunas veces, nos hemos ganado -por nuestros comportamientos y actitudes- el no-cariño de los otros. La solución es pedir perdón. Ahora, si la otra persona no nos quiere perdonar está claro que no podemos hacer nada más. Recordemos que no podemos obligar a nadie a que nos perdone. Esta es una decisión personal. Por ello les invito a ser humildes en reconocer sus faltas y estar dispuestos a pedir perdón.

2. La gente que no nos quiere, con sus criticas y con sus ataques nos hace mucho bien. Por eso Maquiavelo decía que era necesario escoger bien a los enemigos. Cuando alguien te ataca, o te critica duro, muy seguramente te muestra flancos de tu vida que son débiles y que debes trabajar para fortalecerlos. Es decir, nadie te ataca por la parte más fuerte que tengas, ni te critica por lo bueno que eres y haces. Luego entonces, sus críticas te pueden servir para descubrir qué no estás haciendo bien o en qué te estás equivocando. Eso es una ganancia, ya que te hace conocerte más y saber que es lo que proyectas hacia los otros.

3. Hay que defenderse. En medio de la civilidad. Con control de las emociones. Sin miedos. Cada uno tiene derecho -y para eso está la ley – a su buen nombre, a la salvaguardar su integridad, a los espacios necesarios para desarrollarse. Uno nunca debe creer que la violencia es una solución, pues ella engendra más violencia. Sin embargo hay que aprender a plantarse y a saber que hay derecho a decir que no, con firmeza y claridad, y hacerse respetar. El peor enemigo es el miedo; a éste no lo podemos dejar anidar en nuestro corazón, sino que hay que ser contundentes con él. Al fin y al acabo, estamos en las manos de Dios. Como dice Pablo: “Si vivimos vivimos para Cristo y si Morimos, morimos para Cristo”.

4. Hay algunos a los que no hay que pararle bola. Ya que muchas de esas personas no nos quieren, gente de malos sentimientos, que por su envidia o por sus complejos, nunca tratan de hacer el bien, sino se empeñan en hacer el mal, y creen que su cielo es el infierno de los demás. No vale la pena desgastarse con ellos. Mucha gente está pendiente de lo que te sucede o no te sucede para sufrir, eso no debe atraparte. Tienes que vivir con algo de indiferencia esos temas.

5. Tener claro que Dios te protege. Eres inteligente y Responsable. Vives sabiendo qué hacer y cómo comportarte; pero confiando en el poder de Dios. Él lo es todo y tienes que estar seguro de su presencia en tu vida. Di muchas veces lo que dice el salmista: Mi ayuda viene del Señor, Creador del cielo y de la tierra. ¡Nunca permitirá que resbale¡ ¡Nunca se dormirá el que te cuida! No. Él nunca duerme; nunca duerme el que cuida de su pueblo. (Salmo 121,2-4). Hay que vivir por tanto con la seguridad de la fe.

Insisto en lo que ideal es no tener enemigos; pero si, por esas condiciones humanas aparecen, hay que saber actuar frente a ellos y no temer. Quien vive con miedo no puede ser feliz. Eso sí, tampoco se trata de ser un “gallito de pelea”, porque esos siempre terminan en la olla del sancocho.