Evangelio según San Juan 10, 1 – 10

Se ha hablado del bautismo y de la eucarística, donde Jesús es el pan de vida. Ahora se nos habla sobre la revelación de Jesús. ¿Quién es Jesús?, por eso escucharemos  “Yo soy el buen pastor”, “Yo soy la puerta”, “Yo soy la luz”. Estos textos nos hablan de quien es Jesús.

En este capítulo encontramos una pequeña confrontación entre Jesús y los fariseos, Él le habla a los fariseos y la revelación va para ellos. El primer aspecto es que hay un conocimiento del pastor y de las ovejas. El pastor conoce a las ovejas y las ovejas conocen el pastor distinguen su voz y huyen de otras voces diferentes. El buen pastor conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las conduce y orienta.

Hay un conocimiento de Jesús, el buen pastor, quien además de conocer a sus ovejas, les da la vida. ¿En donde radica la autoridad de Jesús? El tiene la capacidad de dar la vida por sus ovejas, esa es su autoridad y reconocimiento de sus ovejas, que somos nosotros. Por eso ha venido para que tengamos vida en abundancia. Entonces, el único mediador entre Dios y nosotros es el Señor Jesús y accedemos a la vida por medio de Él.

En el antiguo testamento los que mediaban entre Dios y los hombres eran los ángeles, ellos llevaban y traían los mensajes de Dios. El Señor envió al ángel Gabriel, Rafael, etc. pero ahora es el Señor Jesús el único que media entre Dios y los hombres. La virgen y los santos son nuestros intercesores, Jesús el único mediador.

Cuando oramos por alguien, intercedemos a Dios por esa persona, le ayudamos y eso es lo que hacen quienes ya están en la presencia de Dios, de acuerdo al libro de Apocalipsis, ellos son los que presentan las oraciones nuestras al Señor.

Existe un conocimiento entre Jesús y las ovejas, hasta el punto que Él da la vida y se convierte en la puerta, es decir por medio de Él cual podemos acceder a la vida en abundancia.

El Señor nos conduce hacia la vida. Por eso estamos llamados a ser dóciles, seguir y escuchar al Señor. Y lo podemos hacer de muchas maneras como asistir la eucaristía, cuando nos hablan, escuchamos un texto, oramos, escuchamos una predicación, somos orientados, todas están son maneras en las que el Señor nos habla y orienta el corazón, escuchamos su voz y nos dejamos guiar.

Debemos tener docilidad para el Señor, porque nuestro corazón es frágil y nos dejamos conducir por cosas distintas, nos vamos por donde no debería ser y arruinamos nuestra vida abriendo espacio a cosas que no deben ser.

Estamos llamados a pedirle ayuda al Señor para escuchar de Él. Somos hipócritas y nos escandalizamos de lo que no debemos. Lo fundamental es que sintonicemos nuestro corazón con el amor de Dios y reconoceremos el sentido de la vida.