El triunfo exige sacrificio

En tiempos complejos y críticos, que se encaminan a momentos cruciales, es necesario mantener la perseverancia y la disposición a avanzar por el camino, aunque sea lento, porque una clave para perseverar en mantener un ritmo y no desfallecer en él. El profeta Isaías (en Is 50,4-7), nos narra a un personaje que tiene que avanzar para lograr la meta y no quedar avergonzado ante los adversarios; muchos han considerado que se trata de Jesús cuando va camino a la cruz y espera que el Padre responda positivamente a su fidelidad. En todo caso, nos muestra tres actitudes que conducen a lograr el triunfo querido y buscado.

Actitud discipular

La persona que desea triunfar en las actividades que realiza necesita desarrollar la disposición a aprender constantemente y considerar que siempre se pueden descubrir nuevos aprendizajes o nuevas perspectivas. El discípulo tiene oído despierto y atento para escuchar con atención y aprender con buena actitud; además, tiene “lengua de profeta”, para consolar, tener palabras alentadoras y fortalecer (Is 50,4-5).

Algunas personas toman una actitud soberbia de conocer todo y no necesitar aprender, pues, tal vez, se consideran productos terminados o que ya saben del tema lo último y definitivo; sin embargo, pueden llevarse sorpresas desagradables y humillantes al tener que aprender de personas sencillas las claves de la vida. Lo importante es tener una actitud discipular, es decir, una disposición humilde para aprender tanto de maestros reconocidos como de los más sencillos, de los libros y videos, así como de los diálogos informales.

Estar vinculado a algún sistema educativo garantiza una mente joven, un aprendizaje continuo y un camino a la excelencia. Déjate capacitar por Dios, pues Él te llevará a grandes bendiciones.

Actitud sacrificial

El triunfo exige sacrificio manifestado como esfuerzo, disciplina, dedicación y perseverancia, hasta ver las metas cumplidas. En muchas ocasiones se enfrenta la crítica, la murmuración y distintas clases de persuación para abandonar la actividad, como le ocurre al personaje narrado por Isaías: “Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos” (Is 50,6).

El éxito, el triunfo final sobre la muerte, la vida de resurrección y gloria tiene un precio que se empieza pagando con la capacitación y continua, pasando por el esfuerzo personal y la superación de las propias metas, hasta llegar a aceptar las persecuciones y persuasiones violentas para abandonar las aspiraciones.

No puedes cambiar a los demás, no puedes cambiar las circunstancias negativas que están en tu contra, pero sí puedes transformarlas a tu favor para que trabajen para ti, sí puedes aceptar las eventos que nos puedes cambiar para sacarles provecho, fortalecer tu carácter y crecer en la humildad. A través de los fenómenos cruciales, la vida te enseña con su pedagogía, a conquistar grandes alturas y metas sorprendentes. Porque te cuesta… lo valoras.

Actitud esperanzadora

Después del mucho trabajo honesto viene la recompensa satisfactoria. El triunfo se disfruta más cuando el esfuerzo ha sido grande. Además, la meta se hace realidad cuando se ha visualizado. El personaje de Isaías sabe en quien apoyarse: “Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado”, porque al final se obtiene la oportunidad de levantar la cara y mostrar el triunfo: “a sabiendas de que no quedaría avergonzado” (Is 50, 7).

La actitud de esperanza se tiene cuando la visión de la meta es clara y cuando se acepta que es necesario trabajar con disciplina por ella, pues se conserva la certeza que una buena siembra traerá una gran cosecha, por tanto, que los mejores esfuerzos se verán recompensados positivamente, quitando la cara de vergüenza y mostrando el rostro de la satisfacción por el trabajo bien realizado.

Muchos han pensado que el personaje del que habla Isaías es Jesús de Nazaret, que con su actitud de servicio y disposición a hablar con palabras alentadoras y acciones sanadoras, terminó siendo golpeado en la espalda, insultado y calumniado, para terminar muriendo en la peor humillación, la de la cruz, sujetado con clavos, rodeado de dos malhechores, desnudo en público y destruido como ser humano. Pero la última palabra la tiene Dios Padre que lo resucita, para no dejarlo en la vergüenza de la muerte y lo exalta como el Señor y Salvador del pecado y de la muerte. Si Jesús pasa a convertirse en Jesucristo, al vencer las adversidades, tú también lo puedes hacer.

Desde la Escuela Superior Carismática Latinoamericana – ESCALAR, proponemos que pueda seguir la formación cristiana con cursos como RECIBIR LAS GRACIAS SACRAMENTALES y DISCERNIMIENTO DE CARISMAS Y MINISTERIOS. Puedes mirar en www.escuelacarismatica.com las ofertas actuales de los cursos de ESCALAR.


Manuel Tenjo Cogollo
Magíster en Teología. Director de ESCALAR

Compartir
Deja un comentario

Tu dirección email no será publicada. Los campos requeridos están marcados *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Entradas relacionadas