Una cosa es cierta: lamentablemente muchos medios de información transmiten el contenido que ellos quieren y como ellos quieren, hecho que además resulta victorioso, pues todos nosotros consideramos que lo que dicen es “Palabra de Dios”. Pero el cristiano es distinto, es decir, usted que lee este pequeño artículo no se conforma con lo que dicen los medios, sino que se informa para tener un punto de vista más objetivo. Podría concluir: “estar bien informado para comunicar, eso es santidad”.

Por eso quiero decir que el papa Francisco una vez más nos sigue demostrando que el mundo no está bien, que se requieren nuevas iniciativas para cambiar nuestro entorno: iniciativas a nivel político, ecológico, cultural, relacional, etc… y últimamente también en el tema de la economía, aunque este tema no sea reciente. En efecto, el pasado 11 de mayo fue publicada una carta del obispo de Roma para un encuentro denominado “Economy of Francesco”. En él, Francisco invita a una iniciativa que ha deseado tanto: “un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un “pacto” para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”.

En efecto, el papa se está metiendo en terreno peligroso (pero necesario). Es indudable que, si realizamos una mirada a las concepciones económicas de América Latina, nos encontramos con una visión reducida de la vida humana al capitalismo y a la convicción de que una persona vale por lo que tiene: “amigo cuánto tienes, cuánto vales”, como lo dice la canción. En otras palabras, el modelo de economía capitalista y neoliberal del tener, ha provocado una “irracionalidad de nuestro estilo de vivir”, pues “la tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”, como bien lo describe Leonardo Boff en una de sus columnas de este mes. Y tampoco parece funcionar el sistema socialista.

¿Qué hacer frente a estas concepciones y concentraciones de poder? Muchos han abogado por un desarrollo humano integral, es decir, un desarrollo a escala humana, donde la base del desarrollo sea la persona humana, sus necesidades humanas y sus articulaciones orgánicas: el mejor desarrollo será el que eleve la calidad de vida de las personas.

Por eso el papa se metió en terreno peligroso, porque quiere que re-animar la economía. Y el mejor ejemplo es Francisco de Asís:

“Francisco se despojó de toda mundanalidad para elegir a Dios como la estrella polar de su vida, haciéndose pobre con los pobres, hermano universal. De su elección de pobreza brotó también una visión de la economía que sigue siendo muy actual. Puede dar esperanza a nuestro mañana, en beneficio no solo de los más pobres, sino de toda la humanidad. Es necesaria, efectivamente, para las suertes de todo el planeta, nuestra casa común, «nuestra hermana la madre tierra», como la llama Francisco en su Cántico del Hermano Sol”.

Indudablemente los poderes económicos lo comenzarán a ver como peligroso para sus intereses y comenzarán los medios de información, probablemente, a desestimar su imagen. Inclusive este mismo artículo puede tener una mirada parcial de la realidad, pero hay una cosa que debemos replantearnos siempre: ¿cuál es nuestro criterio y nuestro discernimiento frente a lo que vive el mundo? Estos dos aspectos son dados a nosotros por medio del Espíritu Santo y contribuyen a la construcción de un mundo mejor: ¿Por qué esperar que el mundo cambie por sí solo cuando yo puedo hacer que él cambie?

¡Cambiar el mundo: eso es santidad! Que en este mes en que celebramos la canonización de san Juan Eudes, nuestro padre fundador, sintamos que estamos invitados a ser santos, es decir, a ser constructores de una sociedad mejor, así nos metamos en terreno peligroso.