El libro de Eclesiastés presenta la vanidad, como aquella persona superficial que se queda en las apariencias exteriores y le prestan atención a lo pasajero. Su vida se gasta y pierde sentido pensando en lo que vendrá y esa no puede ser la actitud de una persona que cree y confía en Dios.

El pesimista no tiene cura y carga una nostalgia y negatividad en su vida sin darle gracias a Dios por todo lo alcanzado en la vida. El pesimista y vanidosos no van a dejar descubrir el proyecto de Dios.

La vida está hecha de dificultades, no estamos exentos de los problemas ni estamos alejados de las bendiciones.

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