Aquellos que pertenecen a una parroquia o comunidades de seguro han recibido a unas cuantas personas que llegan diciendo que el cura de ‘tal’ parroquia los ha decepcionado, por ello, van en busca de otro lugar, alguna circunstancia,  un regaño, un comentario o que en su prédica dijo algo que le incomodo, los hace o nos hace sentir decepcionados.

Mucha gente se siente mal por esa serie de acontecimientos, por ello, van de parroquia en parroquia buscando aquel cura que se ajuste a su medida, un cura perfecto, uno que no cometa ningún error, un cura que levite, y que todo lo que diga sea música para sus oídos. Quieren un cura que no sienta, que no se ponga triste, no quieren un cura que se ponga bravo. Quieren verlo siempre reir y eso está bien, pero también me atrevo afirmar que sienten todo tipo de emociones. Que se preocupan por sus parroquias, trabajos, pastorales, por su gente y a la vez por su familia, como también pueden tener un día no tan bueno.

Con todo esto no quiero excusar ni juzgar a ningún cura, porque tengo muy claro que primero son humanos, segundo, tengo muchos amigos sacerdote con los que he compartido la vida, como en misiones y a la vez en otros ambientes, los he visto tristes, decepcionados de muchas cosas, e incluso llorando. He compartido con algunos una cerveza, hemos escuchando música, y hablando de todo tipo de temas, política, comida, de lugares que nos gustan e incluso de fútbol, peleando por que tal equipo es mejor que el otro, también hemos jugado algunos partidos, y en medio de la emoción gritan con el alma, !gool¡ a la vez pueden lanzar una mala palabra -un madrazo, a lo colombiano-. Esto puede ser decepcionante para muchos, pero para mí es algo muy humano, repito, son personas que sienten como tú y como yo.

Si te has sentido decepcionado, tal vez es porque no comprendes su realidad,  no te has preguntado sobre todas sus labores, no solo es celebrar una Eucaristía y ya, hay mucha cosas de trasfondo, como la parte pastoral, el tener la parroquia en las mejores condiciones, pagar servicios, atender a las personas que van en busca de su ayuda. El trabajo de un cura es amplio y sé que lo hace con amor, pero hay momentos en lo que se siente cansado e incluso puede sentirse solo. Todas estas cosas debemos tenerlas en cuenta antes de sentirnos decepcionados y creer que la solución está en correr a otra parroquia en busca del sacerdote perfecto.

Entendamos que el ‘Cura’ es una persona, que sirve a la comunidad desde muchos ámbitos, y en medio de todo eso, si tiene que abrazar lo hace con agrado, si tiene que ayudar a pobres y ricos lo hace de igual manera.  Si en algún momento o circunstancia está triste, llora o comete un error, no deja de ser humano como tampoco deja de ser cura. Antes de lanzar un comentario acerquémonos a ayudarlo, a levantarlo si es necesario, también necesita de nuestra ayuda.

No busquemos al pastor perfecto, busquemos realmente a Jesús, aquel que nos da su amor, aquel que se vale del cura para dar su mensaje, para expresar que somos importantes para el Padre, miremos en el cura la persona de Jesús, pero tampoco perdamos de vista su humanidad. Vivamos y compartamos como una sola iglesia lo que Dios nos regala por medio de nuestros hermanos y antes de ir a juzgar veamos más allá, no te quedes con lo superficial.