Es normal que en algunos momentos de la vida tengamos experiencias que nos produzcas tristezas pero lo que no es normal es que vivamos siempre en una sensación de tristeza. Esto es, la tristeza tiene que ser pasajera en nuestra vida. Llega, la vivimos con la fuerza necesaria pero la dejamos ir y comenzamos a reconocer muchos motivos de alegría que hay en la vida.
 
 

 
Es normal que en algunos momentos de la vida tengamos experiencias que nos produzcas tristezas pero lo que no es normal es que vivamos siempre en una sensación de tristeza. Esto es, la tristeza tiene que ser pasajera en nuestra vida. Llega, la vivimos con la fuerza necesaria pero la dejamos ir y comenzamos a reconocer muchos motivos de alegría que hay en la vida. 
 

Sé que hay cosas que nos duelen y que dejan heridas profundas en nosotros pero estás tienen que sanar, no pueden estar abiertas para siempre, ni podemos pretender hacerles un altar para que se queden con nosotros a lo largo de nuestra existencia. 

Una situación que me marcó mucho fue la muerte de mi abuelita, cuando tenía 9 años, ella murió de un cáncer al páncreas; todavía recuerdo el llanto de mi mama y de mi bisabuela. Ésta última se quedó de luto por el resto de su vida. Estuvo vestida de negro los siguientes 22 años de su vida, hasta que murió también. Con todo el respecto que las personas me merecen, nunca pude comprender esto. Sé del dolor inmenso que causa la muerte de un hijo pero no por ello tenemos que dejar que el resto de la vida este teñido de un negro triste. Estoy seguro que eso no es lo que quiere Dios. Sé que podemos expresar nuestra tristeza explícitamente a través de algunos signos especiales pero lo que no creo sano es que vivamos tristes por el resto de la vida. Tenemos que aceptar y superar las situaciones difíciles y dolorosas que tenemos  y tratar de recuperar el color que la vida tiene. 
 

Hay que ponerle límite a la tristeza, hay que hacer el ejercicio explicito de que el tiempo  sane las heridas y se lleve lo que no nos permite gozarnos la historia. 

Debemos pedirle a Dios que nos ayude a vencer la tristeza y a estar en situación de alegría. Esto no es posible sino le abrimos el corazón a Dios. Sólo el Espíritu de Dios tiene el poder de renovarlo todo y de hacer retoñar en nosotros los sentimientos que la muerte y el dolor han destruido. Por eso hoy la invitación es a aceptar que estás triste pero a la vez a aceptar que tienes que trabajar porque esa tristeza se vaya de la vida, ya que no te puedes acostumbrar a ella porque estarías perdiendo tantas alegrías y bendiciones que la vida misma tiene.