Me han dicho que enviaste a tu hijo para salvarme, pero no tengo muy claro aún de qué. De la muerte dicen algunos, y lo dejan ahí, no profundizan. Hoy, quiero hacer un breve momento de súplica, hoy quiero que me salves de algo más que de la simple muerte, hoy quiero que me salves de todo aquello que me dificulta el poder ser un auténtico amigo de Jesús.

Sálvame de la indiferencia, de no mirar a los que sufren. De pensar que soy afortunado por todo lo que tengo y que el sufrimiento de los demás es solo su suerte. De pensar que no puedo ayudar con mucho, y que lo poco que tengo no sirve para ayudar.

Sálvame de juzgar a los demás, a los que amas, a todos. De mirar sus errores más que sus virtudes. De tomar una postura que ni siquiera Tú tomarías. De pensar que ir a la Iglesia me hace mejor que los demás, de creer que por buscarte, soy más valioso que otros.

Sálvame de la religiosidad vacía, de esa que condena, de esa que no va más allá del rito. De esa que no salva y que se niega a la paz y al amor. De aquella religiosidad que no reconoce la dignidad del hombre, de esa en la que solo importa cumplir preceptos y no se tiene en cuenta al que sufre. Sálvame por favor.

Sálvame de creer que soy el centro del mundo, y de ignorar a los que me rodean. De pensar que nadie puede ser mejor que yo, y de creer que no me puedo equivocar. De creerme perfecto, aun cuando sé que eso no me quedará nunca.

Sálvame de ser de los primeros, de querer ocupar los primeros puestos y de no querer ser el servidor de todos.

Sálvame de la oración interesada, de esa que solo pide y pide. Pero también de la oración vacía, de esa que a veces se queda en una mera repetición, de esa que no edifica a nadie. De pasar horas y horas orando, para luego salir del oratorio a despreciar a los demás, sálvame Dios.

Sálvame de encerrarte en una estructura física, de tener que buscarte sólo en el templo, de no reconocerte en todos los lugares a los que voy. De pensar que puedes vivir ahí, encerrado.
Sálvame de creer que eres mi instrumento para salvar a los otros, de no entender que soy yo quien necesita tu salvación.

Sálvame Dios, sálvame de pensar que tu poder es limitado, que solo unos pocos podemos acceder a Ti, de hacer creer a los demás que deben tener una identidad religiosa para poder conocerte a Ti. De no confiar en que Tú llegas a tus hijos como quieres.

Sálvame de ser mal amigo. De no estar pendiente de aquellos que comparten la vida conmigo. Sálvame de ser indiferente a sus necesidades, de no ayudarlos cuando lo necesitan, de no compartir con ellos el tiempo que una amistad necesita para crecer.

Sálvame por último de negarme a ser uno de tus ayudantes para que los demás también se salven… Sálvame de todo menos de Ti, de lo demás, sálvame…