En la relaciones interpersonales nos encontramos con personas abusadoras, son personas que nos agreden, tratan de pisotearnos, traicionan los compromisos hechos, nos engañan. Todos nos encontramos con esas personas y tenemos que sabernos relacionar con ellas…

En la relaciones interpersonales nos encontramos con personas abusadoras, son personas que nos agreden, tratan de pisotearnos, traicionan los compromisos hechos, nos engañan. Todos nos encontramos con esas personas y tenemos que sabernos relacionar con ellas. Muchas veces estás personas están muy vinculadas a nuestros círculos más cercanos, y debemos tener las actitudes adecuadas para marcarles los límites. Está claro que no le podemos dar a nadie el permiso para que nos pisotee, nos maltrate, ni juegue con nuestra dignidad. Tenemos que sostener relaciones que nos hagan crecer como seres humanos y nos den posibilidades de ser cada día mejores en la libertad y autonomía que Dios quiere. Solo de Él dependemos, como lo hace la rama del tronco (Juan 15,1-15), de nadie más.

Una de las cualidades del abusador, además de saber elegir solo con la mirada a una persona de baja autoestima a la cual abusar y manipular, es tener cualquier cantidad de recursos para hacerte sentir culpable por su abuso: fuiste tú quien ocasionó su reacción agresiva, su mentira, sus palabras ofensivas. Él solamente respondió. No le quedaba otra. Con palabras bien elegidas y argumentos aparentemente sólidos te lleva a sentirte culpable y hasta te hace pedirle disculpas por el abuso que cometió contra ti.

Hay que estar a la expectativa de estos personajes. No podemos darle permiso a nadie para que abuse de nosotros, y mucho menos para que nos trate de manipular desde el sentimiento de culpa. Para ello es muy importante tener presente:

1. Hacer un objetivo análisis de las situaciones que se han vivido. Entender bien qué es lo que ha sucedido. Tener claras las causas y los efectos de las situaciones. Comprender la participación de las personas en esas acciones. Hacerse responsable de los errores cometidos y de las consecuencias que se han ocasionado. Tener claro el porqué de cada decisión y sabiendo hacia dónde te impulsan esas decisiones. No asumir como propios los errores de otros y dejar que cada uno de ellos cargue con las consecuencias de sus decisiones y acciones. No tenemos por qué asumir el peso de los errores de los otros.

2. Tener una autoestima adecuada que te lleve a amarte, a valorarte y a creer en ti a pesar de los errores que se hayan cometido. Es importante saber que somos valiosos y que tenemos muchos motivos para confiar en nosotros mismos. Es bueno escuchar a las personas que nos aman de verdad que nos comparten su buena percepción de nosotros. Tener el suficiente amor propio para saber asumir los dolores que las decisiones ocasionen sin que se ponga en riesgo el sentido de la vida misma.

3. Comunicarse asertivamente, haciéndole saber al otro que comprendes su sentir pero que no aceptas sus argumentos. Saberle comunicar tu posición, tu parecer frente a su comportamiento. Que sepas decirle que no, sin temores. No estás obligado a hacer lo que no quieres ni a complacer en todo a los demás. Puedes decir que no. Poner los límites necesarios para tú proteger tu dignidad y tu bienestar. Es importante hablar con claridad, firmeza, pero sin sentimientos tóxicos ni ofensas innecesarias.

4. Respaldar con acciones equilibradas tus palabras. Si dices que no, que tus acciones respalden ese no. En algunos casos habrá que tomar distancia física y existencial de esa persona, y no debe temblarte el pulso para hacerlo.

5. Tener una buena experiencia espiritual que te haga saber que eres importante para Dios y que nada pondrá en duda tu gran valor. Eres muy valioso para Dios, Él lo ha dado todo por ti (Isaías 43,1-7; Mateo 13,45-46). Por ello no tienes que tener miedo de que nadie te deje o se aleje de ti. Que tu experiencia espiritual te haga comprender que estás por encima de todas esas situaciones de fracaso que vives y que eres capaz de reponerte siempre. Por eso no puedes nunca negociar tu dignidad ni darle permiso a nadie para que te haga sentir inferior.