«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12).
“Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.” Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2018, numeral 10.

Siguiendo el mensaje para la Cuaresma 2018 del Papa Francisco, podemos inspirarnos en el camino hacia la Pascua en este año, tomando en cuenta los flagelos de la sociedad actual, que atacan todo el tiempo la capacidad de entregarse al otro, de darle rienda suelta a los placeres y de someterse al dominio del dinero, como principales enfriadores, del corazón.

El Santo Padre, nos propone una actitud de descongelamiento¸ en la que nos insiste considerar en qué actitudes podemos darle una temperatura mayor a nuestros actos, a nuestras decisiones y a nuestra manera de relacionarnos con los demás. El corazón se enfría cuando decidimos vivir en soledad, negando las necesidades de quienes nos rodean, cuando nos volvemos indiferentes frente a las realidades de dolor de quienes nos extienden una mano; El corazón se enfría, cuando el placer domina nuestra conciencia, y el sentir por el sentir, o el someterse a relaciones plásticas y dependientes que entorpecen la libertad; El corazón se enfría, cuando vendemos la conciencia al mejor postor, o cuando queremos pasar por encima del otro, vulnerando sus derechos y su dignidad.

La sociedad contemporánea, ha olvidado al prójimo, ha desestimado la comunicación y la palabra de ternura que podemos pronunciarle a quienes nos rodean, nos hemos sumergido en la cultura de la negación y el individualismo, ¿Qué hacer?.

El mensaje para la Cuaresma 2018 del Papa Francisco, traza un itinerario, una ruta clara y contundente para revisar dentro de la experiencia de la espiritualidad de este tiempo litúrgico el cómo podemos devolverle la temperatura a nuestro corazón que se ha enfriado por el sin sabor de la costumbre que nos encierra en el sinsentido y el desierto plagado de soledad.

La forma más contundente de devolverle la temperatura al corazón consiste en ser capaces de combatir nuestra tendencia a dividir, a herir, a desconocer, a separar. Propongámonos en nuestra vida cotidiana gestos contundentes que nos acerquen al otro, salir de la fría filantropía o el cargo de conciencia que genera un ayuno alimenticio, o hacer por hacer; que la temperatura de la ternura del amor expresado con sinceridad hacia los demás, se concrete en actos de vida y de libertad. Que expresemos nuestros sentimientos sin mediciones ni vergüenzas, que entendamos que ayuno, limosna y oración no son metas temporales de 40 días al año, sino que son movimientos constantes hacia el otro, hacia la recuperación de mi autoimagen y hacia la construcción de una disciplina del sentir y el ayudar.

No establezcamos más colegajes fríos con la indiferencia, no más palmadas en la espalda, no mas consentimiento hacia el dolor; promulgar la libertad que da el amor, el amor que calienta de nuevo el corazón.

La Cuaresma, como camino hacia la pascua nos lleva hacia la felicidad del misterio del amor hecho entrega, entrega verificada por aquel que se negó todo para sí, dejándonos el calor de su Espíritu como garantía. Vivamos, con la temperatura adecuada, y construyamos un camino de lealtad y fe.