Hace poco estaba en una clínica porque mi abuela se encontraba en observación en una de las habitaciones. Al entrar allí pude observar que estas eran conjuntas con la de al lado. Mi abuela se hallaba en las primeras, estaba conversando con la señora que tenía a su derecha que parecía tener su edad. Las salude, y acompañe un rato. Más tarde, entró el familiar de la señora, que poco a poco, se fue quedando dormida a medida que avanzaba la conversación. Mi abuela apresuradamente le dijo cómo había pasado el día, los medicamentos que tiene en línea, y sí ya había comido. La joven que pareciera ser su nieta le dio muchas gracias y quedó conversando con mi abuela.

Me quede pensando en esa actitud de mi abuela, como eran tan solidarias, como se cuidaban la espalda aun en medio de la dificultad. Eso de la vejez no es tan malo, me encanta aprende de esa sabiduría andante.

Todos en algún momento tenemos miedo de llegar a la vejez. Tal vez por todo lo que conlleva, los cambios físicos son notorios, la salud no es la misma, todo cambia, pero es una realidad a la cual llegaremos. Sin embargo, no todo es malo, hay algo que parece no cambiar y es nuestra actitud. Sí, eso que sentimos que nos identifica como personas. Por eso llegar a la vejez es algo tan bonito, como volver a nacer, volver a vivir…