“Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua.
De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre.
Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario
para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe,
y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite
a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree.” – Dei Verbum # 8

Papel de la tradición en la moral católica

La tradición ha sido el vehículo por el cual se ha conservado la doctrina expuesta por la predicación apostólica. La Iglesia a través de los tiempos en muchas de sus expresiones ha conservado el depósito de la revelación, esto lo podemos ver en la doctrina de los Padres, que con sus paulatinas intuiciones fueron enriqueciendo las posibilidades de interpretación del dato revelado.

Fuera de las interpretaciones de los Padres de la Iglesia (Inmediatos seguidores de los Apóstoles), a través de los tiempos y, con el afán de responder desde la fe a los retos de la historia, ha ido creciendo y madurando la comunidad eclesial su conocimiento y comprensión del núcleo fundamental del depósito de la fe. De allí deriva el principio dinámico de la revelación de Dios. A través de dicho principio la iglesia, asistida por el Amor de Dios (Espíritu Santo), va creciendo hacia la búsqueda de la verdad que atañe al hombre  en lo que respecta a su salvación en los respectivos y variados momentos históricos existenciales (Sitz im leben) en los que se encuentre inmerso. De tal búsqueda y comprensión de la verdad salvífica se desprende la posibilidad inherente de contradicción en algunas tesis interpretativas actuales con algunas del pasado, pero todo ello no es más que el resultado de un proceso abierto de cara al futuro, fruto de una Iglesia itinerante en el espacio y en el tiempo, que añeja los contenidos y las formas de las palabras.

En la tradición sin embargo, existen elementos y valores fundamentales y por fundamentales perennes(de la esencia misma de la fe, que hacen que sea esa fe y no otra) y por esto se alzan como monumentos visibles desde donde orientar la interpretación (la hermenéutica) con el fin de elaborar nuestras actuales reflexiones y comprensiones de la revelación. Bajo tales supuestos epistemológicos y hermenéuticos que sirven de parámetros para abordar la herencia de fe que nos llega por la Tradición podemos concluir diciendo que interpretar no es repetir datos de Tradición, sino que es, con la ayuda de la Tradición producir hoy nuestra propia manera de comprender la auto manifestación de Dios en nuestra historia, es actualizar el mensaje fundante, fundacional y fundamental de Cristo, camino verdadero que da sentido a la vida (Jn 14).

Por último digamos que interpretar es también reconocer que nuestra comprensión de la Tradición y la Revelación no es absoluta (1Co 13. ahora vemos de manera imperfecta… le veremos tal cual es…) sino parcial, es tan sólo un paso hacia la comprensión plena, un paso hacia la búsqueda constante del hombre de la verdad de su ser y su quehacer en el mundo, del camino (el modo) para llegar a esa verdad y hacerla vida, de modo que a partir de esa limitante y de ese relativismo hermenéutico penetre en el sentido de su conducta como realidad abierta a la trascendencia. Es decir, el reconocimiento de tal limitante hace consciente al hombre que ni él ni su mundo se explican por sí mismos sino que la respuesta comienza en ellos (en el hombre y en el mundo), pero en últimas los supera y los lanza a la pregunta y a la posibilidad de encuentro con alguien que es la respuesta a todas las preguntas existenciales del hombre (De dónde vengo?, a dónde voy?, por qué vivo?, para qué vivo?): Dios.

Para comprender la relación Tradición y Escritura se puede ver: Dei Verbum # 9:

“Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad”.

De lo anterior podemos concluir, como bien nos enseñó el Padre Alberto Parra S.J., que la Tradición Cristiana es para nosotros los católicos, a la luz del Concilio (En especial a la luz de la Constitución Dogmática Dei Verbum):

  1. Norma:Es regla  de fe. Una regla es aquello que ordena que se tome  u omita una acción específica y definida con respecto a una situación.
  2. Normativa:Que ofrece normas que deben ser seguidas obligatoriamente para poder permanecer en la misma fe.
  3. Normada:Esas normas que ofrece y que deben ser seguidas no pueden estar  ni más allá, ni más acá de lo que plantean las Sagradas Escrituras. Está regulada por la verdad de salvación manifestada explícita o implícitamente en la Biblia.

La diferencia frente a las Sagradas Escrituras queda pues en evidencia, con base en lo anterior, si tenemos en cuenta que la Biblia es: norma, normativa, no normada para el creyente.