Durante todo el siglo pasado la teología moral fue renovándose paulatinamente hasta llegar a su máxima expresión con el impulso dado en el Concilio Vaticano II a la ciencia teológica, con él, la Iglesia se renovó en muchas de sus estructuras y fundamentos, se renovó en su organización, en su pastoral, en sus relaciones con el mundo contemporáneo, y en muchos otros aspectos entre los cuales podemos ver que también la teología adquirió nuevos lenguajes y fundamentos; pero, en lo tocante a la moral y su posible renovación el Concilio no le da un campo explícito en el conjunto amplio de sus contenidos, limitándose a simples y muy rápidas alusiones y no más.

Durante todo el siglo pasado la teología moral fue renovándose paulatinamente hasta llegar a su máxima expresión con el impulso dado en el Concilio Vaticano II a la ciencia teológica, con él, la Iglesia se renovó en muchas de sus estructuras y fundamentos, se renovó en su organización, en su pastoral, en sus relaciones con el mundo contemporáneo, y en muchos otros aspectos entre los cuales podemos ver que también la teología adquirió nuevos lenguajes y fundamentos; pero, en lo tocante a la moral y su posible renovación el Concilio no le da un campo explícito en el conjunto amplio de sus contenidos, limitándose a simples y muy rápidas alusiones y no más.

Sobre tales alusiones a la renovación de la moral podemos ver en primer lugar el documento Optatam Totius. Este Decreto, que se refiere directa y explícitamente a la formación sacerdotal  impulsa a los teólogos y moralistas en general a renovar la moral desde las Escrituras, ya que ellas son el alma de la teología:

“Las disciplinas teológicas han de enseñarse, a la luz de la fe, bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia, de tal forma que los alumnos reciban con toda exactitud de la divina revelación la doctrina católica, ahonden en ella, la conviertan en alimento de su propia vida espiritual y puedan anunciarla, exponerla y defenderla en el ministerio sacerdotal.

Fórmese con especial diligencia en el estudio de la Sagrada Escritura, la cual debe ser como el alma de toda teología. Tras una introducción apropiada, iníciense cuidadosamente en el método de la exégesis, examinen a fondo los grandes temas de la divina revelación y recaben estímulo y alimento en la lectura y meditación diaria de los Libros sagrados.

… Las restantes disciplinas teológicas deben ser igualmente renovadas por medio de un contacto más vivo con el misterio de Cristo y la historia de la salvación. Téngase especial cuidado en perfeccionar la teología moral, cuya exposición científica, nutrida con mayor intensidad por la doctrina de la Sagrada Escritura, deberá mostrar la excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos en la caridad para la vida del mundo”. (O.T. # 16.).

Los criterios señalados aplican para todas las disciplinas teológicas, de allí que con todo derecho podemos afirmar que para el Concilio Vaticano II, los parámetros desde los cuales se debe gestar un proceso de renovación moral (en cuanto que es también una disciplina teológica) que sea auténticamente cristiano, es decir, fiel a las Escrituras y en consonancia con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, se deben ajustados a estos propósitos::

1)    Fomentar un contacto más vivo con el Misterio de Cristo.

2)    Fomentar un contacto más vivo con la historia de salvación.

3)    Fomentar un auténtico rigor científico (entiéndase exegético-hermenéutico) nutrido con mayor intensidad por la doctrina de la Sagrada Escritura.

4)    Reflejar con claridad el objetivo del quehacer teológico moral cristiano: “mostrar la excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos de caridad para la vida del mundo”.

5)    Fomentar el contacto más vivo con el Misterio de la Iglesia.

Como respuesta al llamado anterior, la moral postconciliar ha ido buscando sus caminos de renovación mediante los señalamientos liberadores de la hermenéutica bíblica. Estos criterios se encuentran señalados en el Concilio de manera explícita en la Constitución Dogmática Dei Verbum, la cual se refiere al Misterio de la Divina Revelación. Este documento nos da las siguientes pautas fundamentales de aproximación a la letra y al espíritu de las Sagradas Escrituras:

1)    Una aproximación con criterio científico.

2)    Una aproximación con sentido teológico.

Ambas pautas se plantean con el fin de que el discurso teológico y la praxis de fe sean dicientes para la fe del hombre contemporáneo.