Por: Mauricio Gabriel Pareja Bayter

Antes de iniciar esta reflexión voy a dejar sentada la base teórica de lo que a mi modo de ver son los requisitos básicos de la teología moral católica a la luz de las tendencias desarrolladas con el Concilio Vaticano II, esto vendría a ser algo así como el axioma teológico moral postconciliar que vamos a tratar de justificar a lo largo de este manual: “Para hacer teología moral se necesitan mediaciones e instrumentos de pensamiento. 

Por: Mauricio Gabriel Pareja Bayter

 

Antes de iniciar esta reflexión voy a dejar sentada la base teórica de lo que a mi modo de ver son los requisitos básicos de la teología moral católica a la luz de las tendencias desarrolladas con el Concilio Vaticano II, esto vendría a ser algo así como el axioma teológico moral postconciliar que vamos a tratar de justificar a lo largo de este manual: “Para hacer teología moral se necesitan mediaciones e instrumentos de pensamiento. La moral cristiana toma estos elementos de:

 

1)    Las ciencias (Mediaciones Socioanalíticas).

 

2)    Las Sagrada Escrituras y la Teología Fundamental (Mediaciones Hermenéuticas): Llamados a la salvación mediante la fe en Jesucristo, “luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9), los hombres llegan a ser “luz en el Señor” e “hijos de la luz” (Ef. 5,8), y se santifican “obedeciendo a la verdad” (1Pe 4, 1-22).

Más esta obediencia no siempre es fácil, debido al misterioso pecado del principio… cambiando “la verdad de Dios por la mentira” (Rom. 1, 25); de esta manera su capacidad para conocer la  verdad queda ofuscada y debilitada su voluntad para someterse a ella. Y así, abandonándose al relativismo y al escepticismo (Cfr. Jn 18, 38), busca una libertad ilusoria fuera de la verdad misma.

… Ningún hombre puede eludir las preguntas fundamentales: qué debo hacer? Cómo puedo discernir el bien del mal? La respuesta es posible sólo gracias al esplendor de la verdad que brilla en lo más íntimo del espíritu humano…

… La luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo… por eso la respuesta decisiva a cada interrogante del hombre, en particular a sus interrogantes religiosos y morales, la da Jesucristo; más aún, como recuerda el Concilio Vaticano II, la respuesta es la persona misma de Jesucristo: “realmente el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. (Juan Pablo II. El Esplendor de la Verdad # 1.2.

 

3)    Pero, para que la moral los pueda utilizar es necesario que ella recurra a los elementos praxicos (Praxis = Acción humana en cuanto transformadora de la realidad.)que se presentan dentro de la riqueza del pensamiento de la Iglesia y muy de modo particular en el magisterio solemne (Mediaciones Pastorales)”: Los pastores de la Iglesia, en comunión con el sucesor de Pedro, están siempre cercanos de los fieles en este esfuerzo, los acompañan y guían con su magisterio, hallando expresiones siempre nuevas para dirigirse no sólo a los creyentes sino a todos los hombres de buena voluntad. El Concilio Vaticano II sigue siendo siempre un testimonio privilegiado de esta actitud de la Iglesia que, “experta en humanidad” se pone a servicio  de cada hombre y de todo el mundo (Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 33).