Hagamos el firme propósito de orar por las vocaciones y especialmente por las vocaciones eudistas en este día de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales. Por eso, quiero hablarles de los Eudistas. Somos obreros del Evangelio y trabajamos por la renovación de la fe en el pueblo de Dios. Preocupados porque la Iglesia tenga siempre buenos pastores, colaboramos, según las posibilidades y el llamamiento de los obispos, en suscitar vocaciones, en la formación y en el servicio a los presbíteros y demás ministros (cfr. Const. 2).

La Congregación de Jesús y María, nuestro nombre oficial o a la que también se le conoce como la comunidad de los Padres Eudistas (porque nuestro fundador es san Juan Eudes, sacerdote francés) quiere continuar y completar en cada uno de sus miembros la vida de Jesús. Para que esto sea una realidad, no queremos tener otro espíritu diferente al Espíritu de Jesús, sumo Sacerdote, adorador del Padre, salvador del ser humano y cabeza de la Iglesia. Por tanto, cada uno de sus miembros, ya sean sacerdotes o laicos, somos encaminados hacia la santidad, la cual se nos ha dado por la gracia del bautismo.

Nuestra misión en el seno de la Iglesia es colaborar en la obra de la evangelización y en la formación de buenos obreros. Para colaborar en este anuncio del Evangelio, trabajamos en la renovación de la fe, mediante el testimonio de vida, la oración, la enseñanza y el desempeño de las diversas tareas pastorales. Del mismo modo, porque somos testigos de un Reino de justicia y de libertad, los Eudistas, prestando oído a los más pobres, aceptamos ser la voz de los que no tienen voz. En armonía con nuestros obispos, nos comprometemos a promover en la humanidad una repartición más justa y fraternal de los bienes de este mundo, lo que nos lleva a la firme convicción que el Evangelio tiene el poder de realizar la liberación integral del ser humano.

Testigo de ello fue el Siervo de Dios padre Rafael García Herreros, quien a través de su vida ejemplar y de compromiso con una nueva Colombia, quiso promover el desarrollo integral de todo el ser humano a través de su obra El Minuto de Dios, fundación que vemos como un “don, un regalo, una gracia” que el Señor le ha dado a la Congregación de Jesús y María a través del sacerdote eudista García Herreros, y del cual somos herederos y custodios, dejándonos conducir por la acción del Espíritu Santo, para que la gloria de Dios se manifieste en toda su plenitud de modo preferencial en los más pobres, a quienes El Minuto de Dios sirve como al mismo Cristo, a ejemplo de nuestro padre fundador.

Ahora, oremos como lo proponemos en el nombre del artículo, por las vocaciones sacerdotales. Y lo haremos con la oración de nuestro actual Superior General, el padre Jean-Michel AMOURIAUX:

Te adoramos, Señor Jesús. Tú llamas a tus discípulos para que se queden contigo, para formarlos y enviarlos a anunciar la Buena Noticia de la salvación. Te adoramos en ese llamado, en la elección que les haces para consagrar su vida al servicio de tu misión. Contigo, Jesús, adoramos al Padre, fuente de la Palabra y origen de toda vocación.

Señor Jesús, te agradecemos porque eres la Palabra viviente del Padre, nuestro Sumo sacerdote y Buen Pastor. Te damos gracias por haber establecido tu Iglesia con la fuerza del Espíritu Santo. Te bendecimos porque has llamado sacerdotes de entre tus discípulos. Tras tus huellas y asistidos por tu gracia, ellos anuncian el Evangelio, celebran tu Nombre y sirven a sus hermanos. Reconocemos con inmensa gratitud, Señor, que eres tú quien ha fundado nuestra Congregación por medio de tu servidor san Juan Eudes y que eres tú quien nos ha llamado para contarnos entre sus miembros.

De rodillas ante ti, Señor Jesús, te pedimos perdón por nuestras infidelidades, tibiezas y desobediencias. Hemos malgastado tu herencia y hemos sido infieles. Sólo tu misericordia nos puede levantar para mirar hacia adelante con confianza.

Te pedimos también, Señor Jesús, que suscites nuevas vocaciones en todas las Provincias de la Congregación. Concédenos los medios humanos y financieros para que los que vengan puedan ser formados de manera ejemplar, de tal manera que la Congregación cumpla con su vocación propia dentro de la Iglesia.

Todo esto te lo pedimos por intercesión de la Virgen María, Madre del Verbo encarnado, de san Juan Eudes, de los bienaventurados mártires eudistas y de todos nuestros hermanos que nos han precedido en los caminos de la misión.

Corazón de Jesús y María, te saludamos, nuestro amor y confianza están en ti. Amén.

Y tú que lees, ¿quieres ser eudista?
¡Arriésgate por Cristo y por su Iglesia!

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