Cuando hablamos anteriormente sobre San Juan Éudes como ARTESANO DE LA VIDA CRISTIANA, dejábamos claro que hay por lo menos tres maneras de enfocar y vivir la vida de fe, es decir, por lo menos hay tres formas básicas de espiritualidad cristiana: Espiritualidad de imitación, de acción externa y espiritualidad de acción vital. Sobre cada una de ellas dijimos lo siguiente:

Espiritualidad de Imitación: Imitar = Remedar a Cristo, copiar un modelo externo. Esta espiritualidad se caracteriza porque se cristaliza en frases como esta: “Señor, enséñame a ser como tú”. La espiritualidad eudista no es en este sentido una espiritualidad prioritariamente de imitación.

Espiritualidad de Acción Externa: Es un actuar por el poder de otro que actúa en nosotros. Actuar “por” Cristo. Esta espiritualidad se caracteriza por oraciones como esta: “Señor, dame tu poder para actuar como tú”. San Juan Éudes NO PROPONE una espiritualidad prioritariamente de acción externa.

Espiritualidad de Acción Vital: Es una espiritualidad de base existencial. En ella le pedimos al Señor que él viva “en” nosotros su misterio de Encarnación. Este es el modelo asumido y propuesto por la espiritualidad auténticamente Eudista, en él no le pido que me haga orante, le pido que venga y ore “en” mí. No le pido que me dé su fuerza para actuar con su poder, le pido que venga y actúe “en” mí. El símil en que se fundamenta Juan Éudes para explicar este modo singular de “hacer viable” la vida cristiana es el texto de Juan 15 en donde nos habla de la vid y los sarmientos y en donde Jesús mismo nos exhorta a permanecer “en” él. Gálatas 2, 20 nos dice precisamente esto: Cristo quiere seguir viviendo “en” el mundo, pero Juan Éudes, como artesano de la vida cristiana, nos enseña que Cristo quiere seguir viviendo “en” el mundo a través de mí. San Juan Éudes SI PROPONE una espiritualidad de acción vital, que es en sí misma una espiritualidad de ENCARNACIÓN que se materializa en esta jaculatoria que se trasforma en el grito de batalla de la espiritualidad eudista: “¡QUEREMOS SEÑOR JESÚS, QUE VIVAS Y REINES ENTRE NOSOTROS!”

Con base en lo anterior podemos entender la introducción que San Juan Éudes hace sobre la oración en su libro VIDA Y REINO: “Colocamos el santo ejercicio de la oración entre los principales fundamentos de la vida y santidad cristiana, porque la vida de Jesucristo fue una oración constante y es deber nuestro continuarla y expresarla” (San Juan Éudes, Obras Escogidas Pag. 149), esto significa que nuestra oración no es un acto de imitación de Cristo, ni es el resultado de la suplantación de Cristo sobre nosotros como si fuésemos sus marionetas… la oración es el resultado de ser “hijos de Dios” (Juan 1, 12), ser “otros Cristos” sobre la Tierra (Romanos 8, 29), como nos lo enseñaba el Padre Gustavo Baena S.J. en nuestras clases de Biblia en la Javeriana, la vida del cristiano es un obrar “Jesusmente”. Nosotros oramos “en Jesús” significa, en este contexto, que Jesús ora al Padre “en nosotros”. Esto significa en últimas que los cristianos oramos simple y llanamente porque en nuestra vida CONTINUAMOS Y COMPLETAMOS la vida de Jesús el Cristo, el Hijo de Dios:

Nuestros pensamientos son los de Jesús: “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. (Romanos 12, 2).

Nuestros sentimientos son los de Jesús: Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Filipenses 2, 5). “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense” (Filipenses 4, 4).

Nuestras acciones son las de Jesús: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”. (Gálatas 2, 20).

En últimas podemos afirmar que los cristianos oramos porque Jesús ora y nosotros somos “otro Jesús” sobre la tierra, de modo que lo mismo que decía Jesús sobre el Padre Dios (Juan 14, 9 “Quien me ve a mí, ve a mi Padre”), lo decimos nosotros sobre él: “Quien me ve a mí, ve a Jesús”… tremendo misterio se encierra en el SER Cristiano… que responsabilidad tan grande y hermosa nos está revelando San Juan Eudes.

Oremos:

“¡ QUEREMOS SEÑOR JESÚS, QUE VIVAS Y REINES ENTRE NOSOTROS !”