1- No ir a la clínica sin preguntar

Dejó de estar establecido aquello de que «hay que visitar sí o sí» a los recientes padres y al bebé en la clínica. Por el contrario, cada vez son más las madres que se animan y advierten desde un principio que no son bienvenidas las visitas en la clínica. No es que los parientes y los amigos no sean importantes en ese nuevo plano familiar; simplemente es un momento de intimidad  entre el recién llegado, la mamá y el papá. Además, luego del parto la mujer no está en condiciones físicas óptimas para ser anfitriona. Si todo sale bien, allí se pasa sólo un día. Hay tiempo suficiente, una vez de alta, para compartir todos juntos con mucha más comodidad.

2- No realizar visitas largas a la casa de la flamante madre

La llegada al hogar es otro momento clave. Acomodarse, adaptarse y lograr establecer una mínima rutina puede llevar más tiempo y sacrificio del que se cree. Es natural que, hasta que el bebé ordene sus horarios los padres duerman de día, en el momento en que también lo haga el niño. Es difícil coordinar tiempos que les convengan a todos. Pero si lo que se pretende es pensar en el bienestar de la nueva familia, lo conveniente es consultar antes de visitarla y ser prudente con la duración de la estadía en su casa. No es un momento para instalarse, ir a comer ni manejar horarios inadecuados. Colaborar con cuestiones simples como llevar comida hecha para los dueños de casa, preguntar qué necesitan u ofrecerse a algún tipo de ayuda suma mucho más que cualquier regalo.

3- No hablar de su figura

El desorden hormonal no desaparece con el parto; tampoco las huellas del embarazo. Más allá de cuántos kilos se hayan sumado durante la gestación, el cuerpo nunca es el mismo antes que después de tener un hijo. Si hay algo que una mujer no necesita es que le recuerden lo prominente que está su abdomen, cómo cambió el tamaño de sus pechos o la desgracia que significan las estrías.

4- No despertar al niño

La llegada de un bebé es un momento único de felicidad. Para los padres, claramente, un antes y un después en sus vidas. Abuelos, tíos, primos y demás familiares también viven esto entre el éxtasis y la emoción. Ahora bien, muchas veces esta felicidad los lleva a cometer errores que atentan contra las intenciones de los padres. El primer año de un niño es tan hermoso como agotador para sus papás: nuevas demandas, nuevos horarios, poco sueño y demás figuran en su actual agenda. Aunque cada visita sea pura y exclusivamente para ver al bebé, aunque las ganas de tenerlo en brazos sean incontenibles e, incluso aunque deban irse sin siquiera verlo, no deben despertar al niño si no lo hace por sí mismo o si los padres no lo intentan. Los momentos donde el bebé descansa son los únicos donde sus padres pueden hacer lo mismo o donde aprovechan para realizar otras tareas que son imposibles mientras está despierto.

5- No criticar su forma de criar al niño

Cada cual es dueño de sus convicciones a la hora de la crianza de un hijo. Que a alguien le haya funcionado bien un modo en particular de hacer algo no significa que el resto de la humanidad deba hacer lo mismo. O aún más: puede que lo que a alguien le parezca un buen resultado, a otro no le parezca tan satisfactorio. Entrometerse y criticar es una manera casi infalible de alejarse de la flamante madre. Un equilibrio entre el consejo y la ubicación puede ser lo más deseable.

6- No atemorizarla sobre el momento de volver al trabajo

Las licencias por maternidad llegan a su fin, tarde o temprano. Tres, seis o nueve meses son los plazos legales con y sin goce de sueldo y cada madre opta según su voluntad o posibilidad laboral y económica. Advertirle que “el tiempo pasa volando” y que rápidamente deberá dejar a su bebé en otras manos para volver a su rutina de trabajo no va a ayudarla en la preparación para ese momento.

7- No quitarle intimidad a la hora de la lactancia

El momento en que una madre le da el pecho a su bebé es sagrado. No se trata sólo de alimentación sino de construir y reforzar ese lazo único que se da entre una mamá y un hijo. Ambos merecen la generosidad de las visitas –sean familia o amigos- para otorgarles ese rato de intimidad. Además de que muchas mujeres no se sienten cómodas exhibiendo sus senos ante los demás, es necesario un ambiente de calma para que la lactancia se viva con plenitud.

8- No pasar al bebé de mano en mano

En su afán de compartir la alegría por el nuevo integrante de la familia, muchas veces los parientes cargan al bebé como si fuera un juego de postas. Cinco minutos con uno, cinco minutos con otro, y así sucesivamente. Así, lo que debería ser un momento feliz se convierte en puro estrés para la madre pero, sobre todo, para el niño. Una vez más, controlar la ansiedad y estar atento al deseo de los protagonistas por sobre el de uno mismo es la mejor recomendación.

9- No perfumarse intensamente para luego impregnar al niño de olores ajenos

Al final de un día de visitas es común que el bebé tenga un indescriptible olor, producto de la mezcla de todo tipo de perfumes. El aroma propio del niño es tan incomparable como exquisito para sus padres. Respetar su piel y evitar esa excesiva carga de fragancias sin duda será un acto a agradecer por la flamante mamá.

10- No ignorar a la madre, aunque el nuevo protagonista sea el bebé

El amor que se le brinda a bebé, obviamente es agradecido y bienvenido por sus padres. Sin embargo, suele suceder que el embelesamiento con el niño es tan grande que muchas veces se olvidan hasta de la presencia de la madre. Sus necesidades siguen existiendo, más allá de la maternidad. Prestar atención a su situación es mucho más que preguntarle cómo está.