Durante su audiencia general del día miércoles 18 de octubre, y a la luz del Evangelio de san Juan, que narra el momento en que Jesús anuncia a Marta, que su hermano Lázaro resucitará. El Papa Francisco habla sobre el contraste de la esperanza cristiana y la realidad de la muerte.

El Santo Padre nos dice que la sociedad moderna trata de suprimir la muerte, de disimular, y que por ello cuando esta llega, no estamos preparados, no le encontramos sentido. La muerte es un misterio, porque manifiesta la fugacidad de la vida y nos enseña que “nuestro orgullo, ira y odio, son sólo vanidad; que no amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial. Pero también nos indica que solamente el bien y el amor que sembramos mientras vivimos permanecen«.

El Sumo Pontífice nos compara nuestra realidad de suprimir la muerte, al punto que cuando llega nos encuentra desprevenidos y no encontramos el sentido para este misterio; a diferencia de los tiempos antiguos, en donde se narraba la muerte como “una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir por algo absoluto”, el Papa evocó el salmo 90 como ejemplo: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría»

De esas realidad surge la afirmación “la muerte es un misterio que manifiesta la fugacidad de la vida”, que nos muestra que nuestros actos odiosos, eran solo vanidad. Pero nos relata el Santo Padre, que Jesús, nuestro Señor, nos ilumina el misterio de la muerte, tal y como lo hizo frente a la tumba de su amigo Lázaro, cuando rompió a llorar, y con esa actitud, “nos enseña que sentir dolor ante la pérdida de un ser querido no es contrario a la esperanza

La oración que Jesús eleva al Padre, nos revela que la muerte no es parte del designio amoroso de Dios, que ellos lo que nos otorgan, es la vida en abundancia. El Papa nos muestra que Jesús en varios pasajes evangélicos confronta la muerte, y pide que no se tenga miedo en ella, que se confíe en la palabra y se mantenga la fe. “Jesús nos dice «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá», y estas son las palabras que él repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a rompernos el tejido de la vida y de los afectos”.

El Santo Padre finaliza su catequesis con este hermoso mensaje “para quien crea, es una puerta que se abre por completo; para quienes dudan, es una luz que se filtra por una puerta que no se ha cerrado por completo”. Y para todos nosotros –dijo finalmente “será una gracia cuando esta luz nos ilumine» y nos colocó en manos de nuestra Madre santísima: “Que Santa María madre de Dios, interceda por todos nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Así sea”.