Ha llegado el mes que para muchos es esperado durante todo el año por lo que él implica. El mes en el que las familias se unen y reúnen, el mes en el que evidentemente el ambiente en ningún lugar es el mismo, el mes en el que toca hacerse cargo de otras cuestiones que por lo general en el año no aparecen. Poner las luces, comprar la comida para la cena, buscar la ropa del estreno, arreglar la casa, pintar las rejas, armar el pesebre, y un sinnúmero de actividades que nos hacen saber que ya se acerca Navidad.

Es un mes lleno de muchas emociones, de sentimientos encontrados por aquellos que se fueron, por aquellos que partieron durante el año, o aquellos que incluso ya llevan varias Navidades ausentes, pero que difícilmente algún día serán olvidados. Seguro muchos de nosotros pensamos en lo difícil que será pasar la noche de Navidad sin personas que fueron importantes y que murieron, o que sencillamente se encuentran lejos, al otro lado del país, o quizá al otro lado del mar.

Por otra parte, están quienes esperan el mes para ver a sus familias juntas, los que quizá durante todo el año difícilmente pueden encontrarse en una casa a conversar de la vida, a compartir historias y a sentirse cada vez más familia. Por supuesto que es una oportunidad estar con aquellos a los que el poco tiempo y el tedio no nos permiten ver todos los días. Y no solo para estar con ellos, sino para disfrutarlos.

Es un mes especial. El ambiente cambia. Las calles se visten de luces. Las novenas, los villancicos, los niños esperando el regalo del niño Dios… son muchísimas las cosas que hacen especial este tiempo. Sin embargo, no quiero pasar por alto algo que es supremamente importante y que es lo que le da sentido a todo este buen ambiente, a todos estos sentimientos que llegan al saber que llegó diciembre. Esto es precisamente el recordar el nacimiento de Jesús, nuestro salvador.

Por supuesto que sabemos que Jesús no nació el 24 de diciembre del año 0. Sin embargo, hemos adoptado por tradición esa fecha como la fecha del nacimiento de Jesús. Recordamos su venida al mundo, recordamos que su vida para nuestras vidas ha sido un regalo maravilloso. Recordamos que aquel que se ha encarnado, no nos deja solos. Celebramos además que aquel día, del que no sabemos casi nada, en el que Jesús realmente nació, nació también al tiempo una nueva esperanza para aquellos que habitaban el mundo con poca esperanza. Por esta razón, y por muchísimas otras, hoy bendigo a Dios por darnos a su hijo Jesús, por permitirnos reconocerlo como nuestro Dios, lo bendigo porque Él ha sido motivo de sentido para la vida de muchos a lo largo de la historia. Lo bendigo por diciembre, por este, por los que han pasado y por los que en fe vendrán.