Eran las cinco de la tarde y el sol golpeaba con fuerza como lo hace en los días de verano. Yuranis salía de su trabajo como de costumbre combatiendo cada minuto de tiempo con ansias de ver a su hijo, David. Sorteaba cada situación de su vida por él, se dividía entre vivir y ayudar a vivir. Aunque su sonrisa la acompañaba día a día, había momentos donde su rostro era empapado en lágrimas acompañado a su vez de golpes en su cuerpo. Cuando ese tema llegaba prefería ocultarlos, desviaba su mirada que se perdía en el horizonte tal vez buscando respuestas conocidas pero que a veces cuesta aceptarlas. Un día mientras caminaba por la avenida principal adyacente a la ruta del metro se encontró en una esquina con Raymond, el papa de David, quien sin esperar su encuentro la tomó del brazo gritando fuertemente. Los transeúntes miraban atónitos aquella escena, sin mediar algún intento por interrumpir. En la noche cuando llegó de su jornada laboral, Raymond, la abrazó y le dijo: Perdón, amor…no volverá a pasar. Ella asintió y se abrazaron rompiendo juntos cada barrera, cada miedo, cada lejanía…

Los días fueron pasando tan rápido como pueden. Yuranis dormitaba en la sala en el mueble principal y en se momento Raymond llegó furioso entrando vociferando obscenidades. Ella se la acercó para tranquilizarlo, pero el descargo un centenar de palabras que iban rompiendo cada parte de su corazón. Yuranis no aguanto y el sentimiento le ganó. Lloró amargamente lavando en cada lágrima su vida, su alma… esperando una señal divina, aunque sabía de mucho antes que su relación había cambiado. Ya no eran los mismos de antes. Pasada la media noche, Raymond, llegó con la mirada caída y se acercó lentamente a Yuranis diciéndole: Perdón, amor…No volverá a pasar. Se abrazaron uniendo sus corazones con la esperanza de que puedan latir en el mismo compás.
Un día en la tarde Raymond llegó de trabajo temprano, pero al llegar sintió un silencio que se expandía por toda la casa. Como un detective caminó sigilosamente hacia su habitación esperando hallar a un ladrón, pero fue en vano. Todo estaba en completo orden, sin embargo, siguió buscado por toda la casa. Llegó a la habitación de David y encontró un sobre en la cama que tenía su nombre. El sobre estaba escrito a mano y decía en pequeñas letras:

Perdón amor… De verdad, no volverá a pasar.
Yuranis.

Yuranis se fue en búsqueda del horizonte de su vida llevando en su maleta un corazón en partes, pero con la certeza de poder sonreír. Sabía muy bien que a veces es mejor decir adiós, aunque se intente por volver a construir, hay realidades que no se pueden cambiar y es mejor saber amarse para poder ser amor.