Una de las cosas que evidentemente siempre cuestan en la vida, es aprender a soltar cosas que de alguna manera nos dañan, pero que por situaciones emocionales no podemos soltar. Se convierten entonces en una manera de mantenernos esclavos del dolor, esperando a que algún día, mágicamente, el vínculo relacional entre esas cosas y nosotros desaparezca. Muchas veces, no somos capaces de soltar aquello que nos hace daño por simple miedo, por el hecho de sentir que eso es indispensable para nuestra vida, o incluso nos engañamos creyendo que algún día esas cosas cambiarán, y por eso nos aferramos con mucha más fuerza, y terminamos casi que tomando un veneno que diariamente nos acaba poco a poco por dentro.

Parecería mentira, pero hoy hay mucha gente que ha sido engañada una y otra vez, que se ha aferrado a personas tóxicas que no le permiten ser feliz con nadie más, pero que tampoco le hacen feliz, que les brindan amor a migajas, que no son capaces de mantener una estabilidad emocional. Gente que sufre porque no son capaces de dejar eso a un lado, porque se sienten seguros ahí aunque eso implique su dolor constante. No tiene sentido, no vale la pena amarrar nuestra vida a muelles en los que no somos felices, en los que constantemente sufrimos. Hay que aprender a navegar.

Hace un par de años conocí a una mujer que vivía una situación de esas difícil de comprender, y que cuando se comprenden, se convierten en una situación difícil de solucionar. La pareja de esta mujer pasaba su vida engañándola, con una y con otra. Ella se enteraba y cada vez que lo hacía, entraba en depresión y más de una vez intentó quitarse la vida. Sufría, lloraba noches enteras, pero aun así no era capaz de dejar a un lado esa relación, sino que al contrario, se aferraba más y más a las falsas promesas incumplidas que su pareja le hacía. Ella, en realidad esperaba a que él cambiara, pero eso resultaba ser casi un imposible. Y así se pasaba la vida, sin ser capaz de soltar eso que le hacía sufrir, esperando un cambio que nunca llegó.

Cuento esta historia, porque puede ser una luz para nosotros. Solemos anclarnos a cosas y personas, solemos entregarnos totalmente esperando que los otros lo valoren, y resulta que a la larga no. Podemos estar nosotros también aferrados a situaciones que no nos permiten salir adelante, que nos unen cada vez más en el lago del dolor, del que si no somos capaces de salir con valentía, nos terminará ahogando.

Sé que surge entonces la pregunta: ¿por qué es tan difícil soltarnos de esas situaciones? Y creo que es debido a que somos seres humanos con emociones, con sentimientos que nos llevan a crear vínculos profundos, y que de algún modo nos duele romper porque en algún momento las situaciones, personas o cosas a las que estamos amarrados nos han hecho feliz por un momento. Sin embargo, no queda sino preguntarse qué sentido tiene mantenernos atados a cosas que quizá en el pasado nos hicieron felices, pero que ahora lo único que causan son dolor y desesperación.

Tenemos que ser capaces de darle libertad a nuestra vida, de aprender a querer en libertad, sin amarrarnos ni amarrar a nadie a nosotros. Entendiendo que el amor consiste en dejar ser al otro tal cual es, sin manipularlo a nuestro antojo, y sin dejarnos manipular. Yo hoy decido vivir en libertad, decido amar dejando ser al otro, y sobre todo decido soltar todo aquello que me daña y que a la larga no necesito para vivir. Y tú, ¿estás dispuesto a ser libre y plenamente feliz?