Partamos de este principio: “nadie puede dar lo que no tiene”. Es una frase atribuida a San Agustín en la que se refleja de manera hermosa el compromiso que tenemos de llenarnos de aquello que queremos dar. ¿Cómo podría alguien brindar agua a un sediento si no tiene ni para tomar él mismo? No creo que eso sea posible, no creo que podamos dar lo que no tenemos, y menos prometerlo, ya que al hacerlo, estaremos de una, fallándole a aquellos a los que prometemos algo que no somos capaces de dar.

Mucha gente ha sido dañada, ha quedado esperando a que la amen, ha quedado destruida a causa de personas que no han sido capaces de entregarles el amor que necesitan. Y esto, porque precisamente se cree que el amor es algo que nace y ya, que no hay nada más detrás de eso. También hay mucha gente que no ha sido capaz nunca de dar nada, gente que ha dejado a las personas con las que ha compartido un dolor a causa del maltrato y la escasez de amor.

Creo que por esto es importante que consideremos la importancia que tiene el amarnos, antes de intentar amar a alguien. Si bien no hay un manual para aprender a amar, ni una fórmula mágica, ni una receta, si podemos vislumbrar algunos aspectos que son fundamentales en la construcción de un amor que logre ser duradero y disfrutado por aquellos que lo profesan, y creo que precisamente, la clave está en aprender a amarnos, a sabernos valiosos, a entender que somos capaces de dar el amor con el que nos amamos a los demás.

La pregunta que surge en este punto de mi reflexión, gira en torno a ¿qué significa amarme primero? Porque si bien puede sonar sencillo, no deja de ser un trabajo de todos los días. Por eso quiero que compartamos algunas cuestiones sobre lo que significa este trabajo personal:

– Amarme primero significa saberme valioso: es problemático cuando en una relación afectiva, una de las dos personas no se sabe valioso, no entiende el valor que tiene por ser persona. Se rebaja, se deja maltratar, no toma iniciativas, sino que está siempre a expensas del otro. Es necesario que sepamos lo valiosos que somos, que podamos entender que nadie puede pasar por encima de nosotros, y que por supuesto no podemos esperar a que los demás nos den solo migajas de amor, como si no mereciéramos todo el amor de este y todos los mundos. Para amar y para dejarte amar, tienes que ser capaz de saber cuánto vales.

– Amarme primero implica entender que estoy primero: por supuesto que una relación afectiva implica reconocerse como un equipo, saberse juntos a donde se vaya, sin embargo, eso no puede llevarnos a dejar que los demás pasen por encima nuestro, como si la entrega en el amor significara disposición al maltrato. Trabajar en equipo es importante, saber importante al otro es fundamental, pero también es bueno aprender a reconocer cuando las relaciones se tornan tóxicas y cuándo es mejor pararlas, con el fin de no salir heridos sin ningún sentido.

– Amarme primero es la forma más sana de amar al otro: experimentar el amor es lo único que me permite dar el amor. No basta saber teoría sobre el amor, ni leer todos los libros que sobre el tema puedan existir, ni escribir tantos poemas sobre el tema. Para amar sanamente, es necesario que nos amemos a nosotros. En parte, como nos tratamos a nosotros, solemos tratar a los demás. Si aprendemos a amarnos a nosotros mismos de una manera sana, podremos así brindar a los otros un amor sincero, sin dobleces, desinteresado.