Llegará ese día. Sí, llegará el día en que me toque callarme, en que solo tenga como compañero el silencio, la frustración y la pregunta que nunca tendrá una respuesta seria, ni mucho menos una fija, esa pregunta que acaba con todo, esa pregunta que interroga a cualquier mente razonable, aquella pregunta que dice ¿he hecho lo suficiente con mi vida?. En esos días me callaré, solo podré ser prudente, solo podré mirar detrás de la barrera, y cansado, ni siquiera intentar mover un dedo. Serán los días para hablarle al mar sobre mi vejez, para levantar a la vida una acción de gracias por haber sido la maestra que me ayudara a poder llegar hasta allí.

Llegará, sí, seguro que llegará el día en el que solo pueda mirar hacia atrás, un día en el que comprenda que lo más bello es regalarle ternura a la gente que se quiere, un día en el que no haya más por hacer, sino conversar con los amigos que de antes quedaron y hablar de aquella vida que ya se va pasando, de aquellos años que se empiezan a contar para atrás. Llegará un día, cómo dice el poeta, en el que nos vayamos para no volver, en el que no quede más que aprender a soltar la vida, en el que toque enfrentar con valentía a la tan huida muerte.

Seguro llegará el día en que toque mirar al cielo, el día en el que la intranquilidad ya no haga parte de la vida, días en los que se pueda vivir en paz con uno mismo y con los demás, días en los que lo único que preocupe sea el haber sido y haber hecho lo suficiente, días en los que lo único que aguante el sueño, sean los achaques y el insomnio aquel que viene con los años.

Llegarán esos días en los que solo nos rodearán las personas a las que amamos, días en los que nos habremos liberado para siempre de aquellos que con doblez compartían la vida, aquellos que nunca fueron, pero parecieron. Llegarán esos días en los que en silencio se recordarán amores, tristezas, caídas, alegrías y esperanzas, días en los que la vida volverá sobre el pasado para tener memoria agradecida, una memoria que recuerda que todo cuanto se es o se fue, fue gracias a la vida que enseñó con golpes, pero también con momentos impresos de alegría.

Ciertamente llegará ese día, en el que ya las fuerzas no me den para gritar, y tendré por obligación, que hacer silencio, que dejar de inquietarme y tendré que respetar el desaliento. Pero tengo también clarísimo que no es en estos días en los que voy empezando mis primeros 21 años. No puedo en este momento darme el lujo de no inquietarme y preguntarme por la vida. No puedo dejar de aprender de mis imprudencias y del ruido que causo todos los días. No puedo callarme, ni callar a mi corazón joven que apenas empieza a aprender a gritar con sentido.

Algún día seré viejo, algún día las canas reales empezarán a crecer, algún día ya no podré gritar con la misma fuerza, no podré montarme en un palo de mango para saciar la el deseo de comerme uno con buena sal. Algún día no podré hacer tanto ruido, porque probablemente me fastidie a mí mismo. Algún día podré decir que valió la pena vivir, que valió la pena cada golpe, cada amor que no fue y cada conversación con un buen amigo. Algún día sonreiré al recordar que parrandié, que gocé mi tierra y que mis amigos gozaron conmigo. Algún día podré decir con razón que la vida pudo ser mejor, pero que me ha gustado tal como fue.

Haré silencio algún día, pero no será ahora. Hoy solo puedo hacer silencios parciales que me lleven a pensar en una nueva manera de hacer ruido. Hoy solo puedo inquietarme y buscar responder preguntas que quizá no tengan respuestas. Hoy solo puedo ilusionarme y estrellarme porque la ilusión ha sido mucha. Hoy solo puedo buscar caerme para aprender de cada raspón. Hoy solo puedo escuchar la voz de los que me quieren, y que son los que no me dejan perder. Hoy solo puedo sacar valentía improvisada para vivir como voy pudiendo. Hoy solo puedo esforzarme por hacer que el futuro tiempo en el que me tenga que callar, valga la pena, por los recuerdos, por los amores, por los triunfos y sobre todo por las decisiones que me hicieron ser quien seré.