El mundo hoy enfrenta múltiples problemas que nos generan mucha preocupación. Para empezar, nos encontramos ante una emergencia climática y ambiental, pues para nadie es un secreto los cambios constantes y vertiginosos del clima que estamos padeciendo en gran parte del planeta. Por otra parte, presenciamos la inestabilidad política que sacude a varios países, entre los cuales se involucran las grandes potencias que han escalado sus conflictos económicos y de poder a escenarios bélicos y a una creciente guerra organizada. Así mismo, nos hemos familiarizado con una pobreza extrema generalizada, con un alto riesgo de alza en el costo de vida que afecta la estabilidad de los hogares.
Tampoco podemos perder de vista la creciente dependencia tecnológica que expone a las personas y organizaciones a ciberataques y a la desinformación que amenazan con la desestabilización social.
Según recientes estadísticas se estima que en el mundo aproximadamente un tercio de la población es cristiana, entre católicos, protestantes y la iglesia ortodoxa [1]. Ahora bien, ante estas problemáticas desesperanzadoras que enfrenta el mundo de hoy, ¿Se puede celebrar la verdad de la resurrección cristiana sin tener en cuenta estas realidades de sufrimiento humano?
Para los cristianos la pascua de Jesús es motivo de esperanza porque nos abre un horizonte de posibilidad de un mundo nuevo y mejor, dónde se agotan las realidades de sufrimiento y dolor para la humanidad.
Por su parte, la realidad en que se encontraba Jesús no carecía de problemáticas desesperanzadoras para el pueblo judío del que hacía parte, pues vivían la ocupación romana en su territorio y así mismo, la opresión como política del imperio, que les imponía una pesada carga de impuestos, control económico y militar, un respeto religioso limitado, la romanización progresiva de la nación y la represión militar a los disidentes. Sin embargo, Jesús vino a iluminar estas realidades con mensajes de esperanza, sanando a los enfermos y congregando a las personas más diversas, atrayéndolas con la fuerza del amor. Jesús, en este contexto abrió la ventana por la cual los seres humanos creados iguales por Dios, pudieran vivir en dignidad.
Con el acontecimiento de la resurrección de Jesús, desde los apóstoles y todas las generaciones subsiguientes se mantiene viva la fe y la esperanza de la victoria de la vida ante tantas realidades de muerte que el mundo padece. Hoy más que nunca los cristianos estamos llamados a dejarnos permear por la fuerza del Amor que nos comunica Dios para dejarnos tocar y transformar el corazón, y desde este mismo Amor de Cristo, elijamos por la paz “No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”[2].
[1] Faustino Cuomo, “El poder de la fe: cuántos cristianos hay actualmente en el planeta,” Infobae, 12 de mayo de 2025, https://www.infobae.com/america/mundo/2025/05/12/el-poder-de-la-fe-cuantos-cristianos-hay-actualmente-en-el-planeta/
[2] León XIV, “Mensaje Urbi et Orbi de la Pascua 2026,” Balcón central de la Basílica Vaticana, 5 de abril de 2026, Santa Sede.



