Hay una necesidad importante que nuestra sociedad está pidiendo a gritos saciar: volver a Jesucristo. Esto significa atrevernos a vivir lo que Él nos enseñó, poner en práctica todo lo que Él nos invitó. Es claro que nuestra sociedad hoy está ahogada en muchas otras cosas que no son Jesús, por ejemplo: Vicios dañinos, en relaciones nocivas, en anhelos que en vez de llenar, terminan vaciando el corazón del hombre. Esto es solo la punta del iceberg. Bajo la superficie del mundo, queda aún muchas otras cosas que de algún modo son instrumentos para que el hombre tome la decisión de irse lejos de Dios.

No se trata de satanizar todo, no es la idea de este artículo. Sino que se trata más bien de hacerte pensar a ti, que estás leyendo esto; sobre la importancia de volver a Jesucristo hoy, en un mundo donde el mal, aparentemente va ganando la batalla. En estos momentos, en los que la gente ha encontrado más alegría en estar lejos de Dios, tú, yo y todos los cristianos estamos llamados a crear a partir de nuestro esfuerzo en dar testimonio, una oportunidad para que todos puedan conocer a Jesucristo, y así podamos saciar la sed que existe hoy de regresar a Él.

La invitación es más que clara: mostrar a Jesús tal cual es, sin tantas poses, con su verdadero atractivo. Para que los demás sientan el interés volver hacia Él, no se trata de hablar de un Jesús distinto al de los evangelios, es decir: La invitación no es mostrar a Jesús como mago o como alguien que hace cosas sobrenaturales ¡definitivamente no! Se trata más bien de mostrar lo realmente atrayente de Jesús, esto es: su palabra que transforma vidas, su gesto de amor a los marginados, su opción por los pobres y necesitados, pero sobre todo su deseo de fundir de amor al mundo.

Quizá hoy como Iglesia, es decir, como fieles cristianos, hemos abandonado esa imagen atrayente de Jesús. Nos hemos creado imágenes postizas que permanecen alejadas de lo que Él realmente es. Esto se ve reflejado en la apatía por la situación de los marginados, de aquellos que por cualquier situación se sienten alejados del regazo de Dios.

En el evangelio de Marcos, vemos en el capítulo primero (40-45) un relato en el que Jesús sana a un leproso. En ese relato podemos descubrir la apertura de Jesús a los marginados de la época, podemos verlo en ese texto sagrado tocando al intocable y esto demuestra que Jesús no pensó nunca en ajustarse en una zona de confort en la que se ignora el sufrimiento del otro, y esa es la imagen que debemos captar de Jesús.

De manera que solo cuando logremos mostrar a un Jesús tremendamente lleno de amor, sin exclusividad, podremos entonces lograr en la humanidad un interés por conocer a aquel que nosotros hemos conocido y amado. El volver a Jesucristo empieza por ti y por mí que somos creyentes, y se continúa en los que aún no lo conocen a partir de nuestro testimonio de amor. Tomemos la decisión de volver y hacer que los demás también puedan volver a Jesucristo.