En ocasiones experimentamos ser observados, aunque no nos guste. En otras buscamos ser mirados por personas en las cuales queremos despertar interés, hay muchas formas como nos ven o nos perciben las personas que están a nuestro alrededor, pero eso no significa que seamos importantes para ell@s, hay miradas que nos comunican sentimientos, actitudes y pensamientos, que pueden en algunos casos no ser estimulantes, en cambio hay algunas miradas que nos ayudan a descubrir nuestra realidad y a cambiarla para nuestro bien.

En su evangelio nos narra Juan, que en cierta ocasión Jesús “Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.” (9,1), esta mirada fue capaz de abrirle un mundo nuevo a alguien que por su condición física se encontraba limitado, este “Ver” de Jesús, es la mirada en primera instancia de quien ama sin medida y sin límites, de quien quiere ver feliz y realizado a cada uno de los suyos.

Esto fue lo que ocurrió cuando Jesús lo vio, Dios mismo posó su mirada en aquel hombre, que desde su nacimiento ya sufría la limitación de no poder contemplar lo creado, de no poder ver a su familia, en fin todas las cosas que lo rodeaban, aquí podríamos pensar que seguramente Jesús, como en el Génesis, junto con el Padre y el Espíritu Santo, lo vieron, y vieron que era un ser humano bueno; como en cada día de la creación, al terminar decía el texto y “vio Dios que era bueno”, era bueno que este hijo de Dios, recibiera la luz para que su vida se iluminará y se hiciera nueva.

El ver de Dios hacia la humanidad, siempre ha sido y será de bondad y misericordia, no hay un ser humano, al que Dios no ame, no le importa a Él, su condición social, económica, política, religiosa, sexual, cultural; los ojos están hechos para verse a sí mism@ o a los demás de la mejor manera posible, para traspasar los prejuicios que nos hacemos por lo que apreciamos de los demás, aún de nosotros mismos.

No desperdiciemos el tiempo mirando a los demás, tratando de descubrir lo malo que hay en ellos, o solo fijarnos en esos pequeños lunares que tal vez opacan, las bondades que en toda persona Dios ha colocado, tampoco perdamos el tiempo mirando en nosotros mismos, las debilidades, para recriminarnos y autocastigarnos, para muchas veces impedir sentir el amor tan grande que Dios nos tiene por ser creaturas e hijos suyos.

Busquemos mirar para hacer sentir a los otr@s que sus vidas son valiosas, que valen la pena, que sus limitaciones no les pueden impedir avanzar hacia sus sueños y proyectos, que son más que una debilidad o un defecto, dile a l@s que amas con tus miradas, lo que sientes por ell@s, que son obras maravillosas de Dios, mirémonos a nosotros mismos, intentando reconocer como sería la mirada de Jesús para cada un@ de nosotr@s.

Descúbrete hoy como favorecid@ de Dios, porque no solo puedes contemplar la creación, sino que además, tienes la capacidad de ver, observar y mirar, para transformar tu mundo y el de los demás, no te dejes robar la luz maravillosa que hay en tus ojos físicos y en los de tu alma, ahonda en la experiencia de observar, ver y mirar, pensando en cómo lo hace Dios contigo.