Janeth caminaba con la frente en alto, aunque en las noches suplicaba al cielo que su dolor termine pronto. El silencio y la soledad acompañaban su estadía en aquel lugar lúgubre donde tantos momentos había compartido con su esposo, Raúl. Se conocieron desde jóvenes y aprendieron a quererse con sus limitaciones cuando empezaban a caminar por la vida. Entre risas, momentos buenos y episodios áridos, fue creciendo la necesidad de sentirse uno solo. No había espacio para las palabras, sus acciones mostraban todo el afecto que emanaba de sus encuentros. Fueron madurando, en su juventud, las promesas de su amor se iban fortaleciendo, hasta que decidieron que deberían unirse para compartir algo más que los invitara a la eternidad. Al poco tiempo de haber contraído matrimonio la vida los sorprende, con la llegada de un pequeño, que les reafirma cualquier duda sobre su amor. Eran felices como ellos querían.

Los silencios, los desencuentros y las noches largas eran situaciones propias de una relación actual, sin embargo, los días transcurrían lentos y las alegrías eran más por costumbre que por convicción. Pero el tiempo se encarga de revelar lo profundo de los corazones, en momentos menos pensados y en esas noches de Agosto, donde la luna irradia con más fuerza, Janet vio a su esposo entrar a aquellos lugares de alegrías temporales donde los cuerpos se conocen antes que los nombres y el dinero es el afrodisíaco perfecto para cubrir las pasiones que embargan el alma. No podía creerlo, había entregado parte de su vida, que no volvería y eso le dolía tanto como aquella escena. Solo tuvo fuerzas para llegar a casa.

Después de medianoche Raúl llegó a casa como de costumbre. Sin embargo, la presencia de su esposa a altas horas de la noche con la mirada fija y penetrante, lo alarmaron de alguna novedad. Los ojos de su esposa parecían reclamarle a gritos, una respuesta que solo él sabía y que lo hizo sentir vulnerable. No eran necesarias las explicaciones, los dos se amaban y es tan grande la magia que produce este sentimiento, que ambos sabían que algo no andaba bien. Al costado de la puerta se hallaba un maletín negro, que le pertenecía a su abuelo, sabía cuál eran las consecuencias de sus decisiones.

El tiempo pasaba como las hojas en la primavera y se llevaba cada recuerdo que se escondía en aquella casa. Janeth, sólo veía a Raúl en encuentros ocasionales que bien podrían ser familiares o laborales. En uno de ellos, Raúl se acercó a Janeth para expresar las palabras que le faltaron por decir; ella, distante a sus acercamientos, permitió brindarle un espacio para no sentirse tan lejana por las veces en que él había suplicado por su atención. Raúl empezó pidiendo perdón, por aquella traición y tomando su mano le decía con detalles los recuerdos inmemorables que habían marcado su relación. El sentimiento fue tan fuerte que no pudo contener sus lágrimas y entre sollozos le decía lo único que su corazón hablaba, te amo. Ella sabía que era verdad, lo que él decía porque meses antes sus amigos la habían visitado y afirmaban que él no era igual, que su vida solo resumía en trabajo y casa. De sus ojos se escaparon lágrimas y sin dudar lo abrazó fuertemente. Fue el momento perfecto, en que sus corazones se unieron nuevamente y se encontró el amor escondido entre el dolor y la traición. No volvieron a ser iguales, aunque faltaban muchas cosas por decirse, pero se dieron el primer paso para la esperanza. No era fácil esta decisión, solo recordaron lo que un día fueron.

Habían pasado 8 años desde el día en que Raúl se fue de su casa. Sus vidas eran incompletas y no era porque no pudiesen vivir solos, sino que en lo más recóndito de sus almas existía una fuerza que los mantenía unidos aun en la distancia y era necesario que volvieran a ser uno para que juntos miraran el horizonte con los ojos del ayer que pronto volverá.

Solo queda decir que el verdadero amor perdona…

El amor marca nuestra vida, Dios en su infinita misericordia nos tiene en esta emisora que los ama profundamente y que trabaja para llegar con la Buena Nueva a todos los rincones. Necesitamos tu ayuda.

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