Desde hoy oficialmente en Colombia se celebra el día de las velitas. Una de las tradiciones más bonitas, que dan el inicio oficial al diciembre lleno de emociones y momentos inolvidables. Pero esta tradición tiene un origen y sentido Mariano que no podemos olvidar, y que debe cambiar un poco la intención de encender las velitas como un mero acto de decoración.

Digo desde hoy, porque es una tradición colombiana, pero la forma y el día de vivirla varían por región. Algunos celebramos el 7 y otros el 8 en la madrugada. Para algunos pueblos o ciudades es el inicio de los alumbrados, en otros lo han hecho con anterioridad… Lo importante de esta fiesta, es su origen, celebrar la Inmaculada concepción de María, el hecho de ser bendita entre todas las mujeres. Dios la preservó de todo pecado desde su concepción. Este dogma de fe, fue proclamado el 8 de diciembre de 1854 y toda la Iglesia Católica celebró a la luz de las velas. Un hermoso homenaje a nuestra Madre María.

Después de ver su origen, podemos ver que esta tradición es oficialmente parte de las vísperas, para la celebración del 8 de diciembre. Y por eso te propongo que este año enciendas las velitas con tu familia en acción de gracias a María: Por su Sí a Dios, por su testimonio, por su acompañamiento, por su ejemplo de familia, por ser la madre de todos. Cada velita un GRACIAS. Revisa tu año y logra descubrir todos los momentos que viste a nuestra Madre caminando de tu mano.

Hoy rinde un homenaje a María, coloca tu vida en sus manos, la vida de tu familia, tus amigos, todas esas personas especiales que están en tu vida. Dale las gracias por su sacrificio, por su amor, por su entrega, por su constante intercesión. Dile cuánto la amas y cuanto le agradeces por estar presente en tu vida, que cada velita sea un abrazo al corazón, un acto profundo de amor y entrega a ella.

Amada Virgen María, hoy te agradecemos por tu amor, por tu entrega. Agradecemos tu compañía, tu ayuda en los momentos difíciles. Dejamos en tus manos nuestra vida y la de todos nuestros seres amados, para que tú nos sigas guiando, para que nos ayudes a ser testigos del amor de tu amadísimo hijo, a ejemplo tuyo. Hoy todos los que somos padres te pedimos que nos ayudes a construir un hogar al ejemplo del que tú de la mano de San José y Dios construiste, a guiar los pasos de nuestros hijos por este caminar, siempre de tu mano. Te damos gracias por ser nuestra madre y nunca desampararnos. Amén.