Es una historia que había publicado, pero que nuevamente la viví y se me hace necesario expresarla a los que creen en el amor verdadero.

El semáforo aun se mantenía en rojo. La tarde estaba tranquila y el aire frío se adentraba por las ventanillas del bus, trayendo consigo el olor de la lluvia. El bus estaba lleno por completo como es de costumbre en las horas de la tarde cuando la gente se dispone a continuar su hora laboral. Me hallaba en una de las ventanillas y en la parte derecha de la calle, se encontraba una mujer que vestía un vestido blanco y en sus manos llevaba una bolsa con frutas acompañadas de otros alimentos, caminaba en dirección a unos habitantes de la calle que dormitaban en la acera. A su llegada, un joven se percató de su presencia y empezó a levantarse lentamente. Él estaba sin camisa y en su rostro reflejaba ser esclavo de las drogas; ella, dejando la bolsa a un lado, lo invitó a sentarse y empezó a conversar con él, mientras preparaba algo en las bolsas. Él estaba distraído o tal vez se paseaba en su mundo. La señora sacó de la bolsa lo que había preparado y empezó a darle la comida, pero el joven se la arrebató saciando el hambre que le atormentaba. Ella, con gran ternura, acariciaba su cabello con una mano, mientras con la otra limpiaba disimuladamente las lágrimas de dolor que emanaban de aquellos ojos brillantes. Un silencio abrumador invadió a todos los que estábamos en el bus, aunque algunos lloraban desconsoladamente, como si una parte de ellos estuviese rota o empezaban a juntarse. El chofer, que también se contagió de aquel sentimiento, nos dijo que aquella mujer era su madre.

No hubo palabras, no había nada que decir. Le di gracias a Dios por aquel instante en que el tráfico se había detenido porque era necesario que en nuestra vida también sucediera. Dejar a un lado las preocupaciones y pensar en esos seres extraordinarios que nos dieron vida. Me recordó a mi madre y a todas aquellas que sufren en silencio por los errores de sus hijos y que no se dan por vencidas. Cada vez que veo estas escenas pienso que aun hay esperanza en la humanidad, que podemos ser multiplicadores del amor del padre… que podemos ser los hijos que Dios quiere y el mundo necesita.