Yo creía que era un príncipe…y terminó siendo un sapo” es una dolorosa revelación que declaran no pocas mujeres tras un quiebre amoroso…

Yo creía que era un príncipe…y terminó siendo un sapo” es una dolorosa revelación que declaran no pocas mujeres tras un quiebre amoroso…

Más doloroso se hace cuando ya tenemos involucrado nuestro corazón. Dolorosa y confusa, ya que el mismo afecto nos impide tomar distancia y descubrir qué es lo que salió mal.

En los Talleres de Coaching para Solteras que realizo, escucho cómo se repiten las historias de mujeres que narran el cambio súbito en las actitudes de sus enamorados. Estos, son encuentros que se inician con espectacularidad y con insinuaciones de un alto compromiso, pero que bruscamente, al pasar unos pocos días, se transforman en distanciamiento, desidia, hasta llegar a un fin abrupto e inexplicable.

Historias como estas generan en quienes las han vivido, una especie de shock post-traumático, el cual difícilmente muestra argumentos que expliquen lo sucedido, de tal modo que se hace imposible comprender y menos aprender. Tras el shock sobreviene la rabia profunda y se atraviesa por la culpa, llena de recriminaciones por haberse colocado en una situación esperanzadoramente romántica, para que luego todo haya terminado en una gran desilusión.

Casos como estos son extremos, raros e impactantes porque ocurren en muy poco tiempo de relación, sin embargo es bastante más común que también ocurran en relaciones más largas, cuando al pasar el tiempo, surge la desilusión, volviéndose ésta un foco de dolor que succiona energías, que genera angustia.

Pero ¿qué es lo que ocurre, finalmente? “¡parecía un príncipe!”, “¿Cómo puede darse un cambio tan dramático en una persona?”, ”¿Fui yo quien no vio la realidad?”… Nos llenamos de preguntas, dudas, recriminaciones o culpa, sin encontrar respuestas a nuestro dolor.

No es regla general que nuestros novios deriven en esa metamorfosis abrupta, ya que tampoco, la generalidad de los romances se inicia con espectacularidad. El tema de fondo es cómo podemos reconocer esos signos que nos arrojen pistas con las cuales podamos discriminar el tipo de relación que se inicia y así prever, en la medida de lo posible, un final doloroso.

Un buen punto de partida es mirar cómo opera nuestra mente y explicarnos por qué logramos ver como príncipe a quien nunca lo fue. Son los llamados puntos ciegos: La función más importante del córtex cerebral, la última adquisición de la especie humana, es la clasificación y filtración de información que a través de nuestros sentidos, constantemente proveemos a nuestro cerebro. De la calidad de esa selección, es en lo que cada persona circunscribe lo que denomina “su realidad”, y que aportará datos importantes para vivir la vida en función de ella.

Hoy la neurociencia aporta una tremenda cantidad de información sobre este tipo de operaciones de “atención selectiva”, tal como lo explica el filósofo y sicólogo William James, a través de la cual logramos no sólo defendernos del caos informativo que nos invade, sino que decidimos qué admitir en nuestra mente y sobre qué hacer foco. En ese proceso, muchas veces, hacemos “concesiones de atención” distorsionando nuestra percepción de la realidad, con el único propósito de lograr señales de seguridad y certezas.

Articulando la información que determinamos nos es útil, es que muchas veces conformamos “puntos ciegos”, verdaderos bloqueadores de la conciencia. Las sociedades completas instalan “puntos ciegos colectivos” como mecanismos útiles de ordenamiento, desechando todo aquello de lo que no pueden hacerse cargo, como la marginalidad, las diferencias de clases, etc.

Al interior de las familias sucede lo mismo, obviando hechos que generan angustia y stress para sus integrantes. Es un acto aprendido de manera inconsciente que se transmite desde el silencio y hace posible que los grupos familiares sobrevivan a catástrofes internas.

En los temas de amor también se aplica este fenómeno: El anteponer el sueño de amor o el deseo profundo de cristalizar la anhelada familia, sobre lo que está sucediendo en la realidad durante la construcción de una relación de pareja, conduce inexorablemente a no detenerse frente a ciertas pistas y predecir así las intenciones reales del galán en cuestión.

Puntos ciegos que son verdaderos mantos de misterio a través de los cuales se promueve el vivir más desde la imaginación que desde la realidad. Si Ud. es de las mujeres a quien, más de alguna vez, la ha sorprendido el repentino cambio de sus pretendientes, es posible que existan algunas señales de la conducta de él, que su cerebro haya decidido pasar por alto, ya sea a través de una justificación “razonable” o derechamente desde la evasión completa.

Aquí algunas:

– Cambios repentinos en su humor, que Ud. interpreta como stress. – Comportamiento ambiguo, como apariciones esporádicas, la no integración social, llamados que se contestan en lugares y horarios inadecuados, etc. – La mutua evasión a temas de compromiso o la ausencia de un proyecto compartido.

Dado que el mecanismo de la ceguera cognitiva tiende a establecerse como una predisposición de cómo operan las personas desde un automático, sumado al efecto amoroso, en los primeros momentos del galanteo, es aconsejable solicitar el aporte de otras miradas amigas, que colaboren con un espectro visual más amplio, y así superar estas barreras perceptuales.

No obstante, el esfuerzo de fondo sería el aprender a correr por sí solas ese velo y simultáneamente, poner sobre la mesa, y desde el inicio de los encuentros, aquello que para cada mujer es vital de manera de no perder el foco. Estar pendiente de lo “que no se habla”, de actitudes fuera de contexto y hasta de la evasión de temas de pareja, son parte del ejercicio simple pero elemental en el trabajo de reconocer el cuadro completo.

Elegir cuáles de los elementos de esa atención selectiva, son los apropiados para que, en función de los deseos y sueños propios, poder vestir con ropajes verdaderos a ese hombre, que ya no sólo será un príncipe sino que podría convertirse en un auténtico rey.

Saludos, Ma. Cristina Vásconez, coaching para solteras