Llevo años tratando de encontrar la razón de mi tristeza navideña y nada. No importa con quienes esté, o el lugar, o lo bueno que estemos pasando, me acompaña, pegada al alma, una tristeza profunda e inexplicable. Un deseo de que el día se acabe y pase rápido lo que sea.

En un programa de radio me preguntaron si navidad para mí no era un encuentro con Jesús y mi respuesta honesta es no. A Jesús vivo pegada cada día. En Él encuentro la fuerza y la ganas de seguir adelante, me acompaña en las sombras y en la luz. Pero no necesito un día o un momento en particular para esa relación desde que camino de su mano.

¿Qué es navidad para mí? Una reunión familiar, cuya razón es compartir solo por el placer de estar juntos, de agradecer la unión, la vida y la bendición. Es poder abrazarnos, conversar y agradecer todo lo bueno y lo malo que pudimos superar.

En cambio, la veo hoy como una fecha que el mezquino dinero ha convertido en una competencia de modas, adornos y regalos para ver quien opaca a quien, quien logra el mayor cariño por el mejor regalo. Los almacenes se llenan al igual que los supermercados como si tuviéramos un desastre anunciado y hubiera que abastecerse de todo. La prisa se mueve por doquier. El tráfico, naturalmente imposible, se vuelve peor por estos días. Los turistas y quienes vienen de poblaciones vecinas a hacer sus compras en la ciudad se mueven torpemente por las calles. Los “hay que” se multiplican convirtiendo una fecha de paz en un corre para allí y vuelve para acá.

La suma de todo eso transforma lo que debía ser reunión y alegría en un corre, corre abrumador. Dejamos de centrarnos en Jesús niño para reemplazarlo por una figura, simpática, si, bonachona también, y le otorgamos a él y a la magia, lo que llamamos el espíritu de la navidad. Los pesebres han ido desapareciendo de la decoración, dando paso a la decoración importada.

Y no sé si en medio de esa transformación de la navidad, en la pérdida de la inocencia infantil, en la falta de papá, mamá, tíos y abuelas resida la tristeza que me acompaña por estos días. No lo sé.