Viví a mi mamá plenamente en los últimos años de su vida. Los más duros para ella, creo yo. La viví para mi sola, porque ya todos los demás hermanos habían salido de la casa, mientras que yo volví.

Esos años fueron mi bendición y mi redención. La oportunidad de conocer una parte sorprendente de Ligia. Ella fue una mujer fuerte, guerrera, luchadora, enérgica, independiente y la vida le dio un mal de Parkinson como regalo de despedida. Una enfermedad cruel, que degenera de manera terrible, que doblega y de la cual se sabía muy poco para la época. Hoy tal vez, la ciencia alivia los temblores y las dificultades. Pero hace veinte o treinta años no era mucho lo que se podía hacer.

Cuando volví a casa me encontré a esa mamá de la cual huí, suavizada por la inteligencia aplicada en la enfermedad. Como necesitaba de ayuda para todo, aprendió a pedirla con humildad, a soportar estoicamente esa dependencia, a no abrumar, a no quejarse, a vivir las retorcidas de músculos y calambres sin un ay, a vivir las “maluqueras” que le daban las drogas calladamente. Todo el tiempo que duraban, aprendió a estar sola largas horas, casi como un mueble más. Bajó de peso para que la movieran con facilidad “es más fácil cargar a una flaca que a una gorda mijita”.

Su soledad y la mía se encontraron y se unieron por misericordia, por la conciencia que me gritaba en silencio tu aquí sola y ella allá, más sola. Y empecé a sentarme a su lado, a hablar con ella en los momentos buenos, a compartir también los malos, esos que me dolían por la impotencia, de no poder hacer nada por ayudarla, por aliviarla. Duramente aprendí a amarla, ella aprendió a abrazarme. Nos volvimos dependientes la una de la otra, nos entendimos, nos perdonamos y nos hicimos íntimas, entrañables.

Hace veintipico de años que se fue en un viaje sin regreso. La mantengo en mi corazón y en mi pensamiento en paz. Pero hay momentos como ahora, en que me muerde el alma el dolor de su ausencia y diera cualquier cosa, hasta mi vida, por tener un instante y reescribir algo de la historia del pasado con ella.

Te extraño Ligia García-Herreros.