Susana era de esas chicas apasionadas por la vida e irradiaba esa alegría que en muy pocos se ve. Era joven y le gustaba el deporte, la hacía sentirse más segura.Brillante, inteligente y espontanea, eran las cualidades que rescataban, los que eran afortunados con su presencia. Un día mientras iba de regreso a casa fue emboscada por desconocidos, que sin mediar palabras se aprovecharon de su humanidad para saciar sus pasiones. En medio de aquella escena escalofriante y guiada por las ganas de sobrevivir, pensó en algún movimiento que le permitiera liberarse de aquella arremetida. Escudriño el lugar donde la tenían presa, buscando a tientas algo que le sirviera de fortaleza. Era una noche cerrada, solo la acompañaba el brillo sepulcral de la luna. Con las ganas de vivir y la esperanza de seguir respirando, tomó un aluminio y sin pensarlo asestó un golpe fulminante que derribó a su agresor, el cual cayó herido mientras murmuraba quejas y palabras soeces.

La gente del pueblo que anotició de lo que pasaba en ese lúgubre lugar y una turba enardecida llegó a donde estaba Susana. El forcejeo y sus gritos desesperados habían retumbado en la rutina de transeúntes, lo cual había provocado que la hubieran asistido en su lucha más intensa. Llamaron a la ambulancia y la llevaron al centro asistencial más cercano donde llegó con el rostro empapado de lágrimas y el cuerpo trastocado sin piedad.

Ironías de la vida…la víctima fue condenada por el delito de homicidio por emoción violenta y hoy se encuentra entre un centenar de barrotes que acompañan a su soledad. Los recuerdos de aquel día se convierten en lágrimas que bañan sus mejillas; y su alma, aunque permaneció intacta de ese incidente, llevará consigo el fantasma de la indignación que no tiene misericordia, y se manifiesta en los sorbos más amargos de lo que le queda de vida. Pero le duele más que la justicia, solo sea un título que acompaña a los que pueden pagarla.

Cuando la conocí la miré y me preguntó: ¿Pertenecen a la misma especie que mis atacantes, los hombres que prometen amarte y respetarte para toda la vida? No supe que responder, todavía no tengo la respuesta. Solo espero que estas letras lleguen a expresar el dolor que inunda mi pecho y aunque hoy no sea ocho de marzo, mujer, siempre serás sinónimo de la bendición de Dios. No se entendería la vida del hombre sin ustedes, la del poeta sin tener en quien inspirarse y la del músico sin tener a quien dedicarles notas de amor. Crean estas palabras, algunos lo hacemos con el alma y solo nos atrevemos a amarlas.