Como todos los miércoles en la asamblea de oración Padre Alberto Linero nos llenó de fuerza y ganas para la batalla, iluminada desde la lectura de la palabra. El pasaje escogido para ésta ocasión fue del evangelio de Marcos 1, 40-45.

Esta parte de la palabra del Señor nos habla de un leproso que es sanado por Jesús, ya que sigue un itinerario de fe, que es muy emocionante y está descrito primero desde la contextualización del evento, las enfermedades en aquel tiempo eran consideradas maldiciones producto del pecado y una enfermedad tan dolorosa y evidente como la lepra, se leía como una maldición muy grande.

Tanto era así que los enfermos de lepra debían caminar por las calles haciendo sonar unas latas que anuncien que se acerca un impuro, entonces cuando éste leproso ve a Jesús lo primero que hace es romper un paradigma acercándose al que lo puede sanar.

Entonces nos mostró como el que quiere ser limpio debería seguir tres pasos, a la manera del leproso, él se acerca, entonces reduce la distancia que tiene con Dios, da pasos para estar cerca del dueño de la vida.

Luego suplica, es decir que expone su necesidad abiertamente, no tiene reparos para decirle a Jesús, ya que reconoce en la figura del hijo del hombre el camino por el cual puede quedar limpio de la enfermedad que le quita vida.

Y por último se arrodilla, reconoce delante de quien está, se rinde ante la dulce presencia del salvador y lo que hace en éste momento es alabarlo, ver lo que significa estar cerca del hijo de Dios y ver el poder que tiene.

El que quiere limpiarme tiene a su vez tres actitudes con el que quiere limpiar, al inicio se compadece es decir que al Señor lo mueven nuestras dificultades y tragedias, Él mismo se mueve a nuestro favor cuando ve que estamos en estado de necesidad, luego lo toca mostrando que no tiene asco de nuestra fragilidad, no nos rechaza aun cuando nos sentimos no merecedores de su presencia, Él nos toca y con ese toque nos cura rompiendo lo que nos daña y lo que nos resta la vida.

Me acerco con toda confianza porque su voluntad es mi bien, aun cuando lo que pasa en nuestras vidas no es exactamente lo que nosotros queremos que pase, Dios sabe más que nosotros y nos da lo que necesitamos, para que seamos testimonio de su amor y así hagamos que los que nos ven se acerquen a Jesús al ver lo que ha hecho en nosotros.