Mateo 13, 31- 45

En esta ocasión Jesús presenta la dimensión del reino de Dios por medio de dos figuras (semilla de mostaza y levadura); hace esto, porque para la mentalidad del tiempo en que desarrolló su ministerio solo tenía valor lo que era “grande y poderoso”; pero las dos figuras antes mencionadas iban contra esta línea de pensamiento. Jesús con esto quiere mostrar que Dios ha elegido lo más pequeño, de manera particular, al ser humano para anunciar su reino.

Muchas veces creemos que somos demasiado pequeños para poder cambiar el mundo y es por eso que muy fácilmente nos desanimamos. Cada día encontramos personas que necesitan algo para poder salir adelante y lo que decimos es: “yo no puedo cambiar el mundo”, y eso es cierto, nosotros no podemos cambiar el mundo, pero si podemos cambiar una vida. Cumplamos la función de la semilla de mostaza que se convierte en un árbol que es hogar de seres vivos. A veces nos hace falta creer que podemos llegar a crecer con la ayuda de Dios y convertirnos en árboles inmensos que pueden ayudar y servir a muchos.

Cuando se habla de la levadura nos dice que a pesar de ser un poquito insignificante frente a la harina la hace fermentar, pero para que esto suceda se unen  ambas. En muchas ocasiones los creyentes asumimos que debemos sólo estar orando por nuestra sociedad, pero nos falta meternos en ella y hacerla fermentar (crecer, mejorar) con la experiencia de Dios. Quizás somos pequeños e insignificantes ante la sociedad, pero recordemos que “estamos en el mundo pero no somos del mundo; somos la sal de la tierra”. Entonces: ¿Qué estamos haciendo como “semillas de mostaza y levadura”?