No falta quien haga interpretaciones “apocalípticas” de todos los desastres naturales que hemos estado viviendo en estos años; desastres dolorosos que cuestionan el sentido de la vida y nos hacen tambalear en nuestras opciones existenciales. Desde mi sencilla compresión académica y espiritual del libro del Apocalipsis, tengo que decir que allí nunca se anuncian tragedias por venir, ni se le quiere comunicar miedo a las personas que lo lean. No se trata de un texto que quiere adivinar que va a pasar en el futuro sino un texto que re-lee la historia y les asegura que pase lo que pase Dios, en el cordero Degollado puesto de Pie, dará la victoria.

No falta quien haga interpretaciones “apocalípticas” de todos los desastres naturales que hemos estado viviendo en estos años; desastres dolorosos que cuestionan el sentido de la vida y nos hacen tambalear en nuestras opciones existenciales. Desde mi sencilla compresión académica y espiritual del libro del Apocalipsis, tengo que decir que allí nunca se anuncian tragedias por venir, ni se le quiere comunicar miedo a las personas que lo lean. No se trata de un texto que quiere adivinar que va a pasar en el futuro sino un texto que re-lee la historia y les asegura que pase lo que pase Dios, en el cordero Degollado puesto de Pie, dará la victoria.

Aplicar los textos y las figuras literarias del Apocalipsis a toda esta situación que vivimos es una manera “absurda” de entender su mensaje. El Apocalipsis tiene un mensaje de esperanza, de liberación, de confianza en Dios. Mensaje que es compartido con la comunidad perseguida por el imperio romano en un lenguaje cifrado para que sólo fuera entendido por los iniciados en la experiencia cristiana. Para ellos era claro quién era el cordero degollado puesto de pie (Jesucristo Muerto y Resucitado) el mar (signo de mal), Babilonia (el imperio romano), etc. Ellos que conocían el contexto de esas figuras sabían que había que interpretarlas, no que entenderlas literalmente.

Tampoco se debe buscar las razones de los desastres naturales que hemos tenido en los terrenos de la magia, la respuesta nos la tiene que dar la ciencia. Es desde el conocimiento científico como tenemos que entender todas estas situaciones. Pero no hay que ser un perito en estos conocimientos para darse cuenta que la razón primera está en que los hombres hemos ido desequilibrando el planeta. Nuestras industrias le han ido generando al planeta unos daños que en algunos casos son irreparables. En estos días leía en torno a que el agujero de la capa de ozono es del grande de continente africano lo cual ha llevado a un recalentamiento del polo sur. Y todos los cambios extraños que tenemos en el clima tienen que encontrar su razón de ser en esa actitud depredadora con la que hemos vivido. No podemos seguir creyendo que somos el centro del universo y del planeta.

Entonces dejemos de echarle la culpa a Dios de nuestras acciones y asumamos actitudes más responsables con el planeta en el que vivimos. Es evidente que las decisiones más importantes las tienen que tomar los dirigentes del mundo pero nosotros podemos aportar mucho asumiendo actitudes ecológicas, cuidando nuestra entorno y siendo personas con actitudes responsables. Es necesario comenzar a cuidar la tierra.

Pensemos en la responsabilidad que tenemos con las generaciones futuras. Sería genial poder dejar el planeta igual o mejor de cómo lo encontramos. Para ello tenemos que exigirnos más y ser disciplinados en nuestro diario vivir. Esta actitud es más sana que andar culpando al Dueño de la vida por todo lo que pasa. Hemos sido creados en libertad y es desde “libre albedrío” desde donde tenemos que construir nuestra vida diariamente.

¿Qué compromiso ecológico tienes? ¿Cuidas el medio ambiente? ¿Enseñas a tus hijos a cuidar el planeta? ¿Eres consciente de que hay que cuidar el agua y no malgastarla? ¿Tienes claro que no podemos depredar el planeta? Estoy seguro que un ser humano que se diga espiritual tiene que ser alguien ecológico. Cuidamos la creación que Dios nos ha dado.