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La sagrada Eucaristía culmina la iniciación la iniciación cristiana, nuestro salvador en la última cena, la noche en que fue entregado instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de su cruz, y confiar así en su esposa amada la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura.

La Eucaristía es fuente y cima de toda vida cristiana, los demás sacramentos, como todos los misterios eclesiales y las obras de los apostolados, están unidos en la Eucaristía y a ella se ordenan.

La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus aspectos, se le llama: Eucaristía, porque es acción de gracias a Dios, banquete del Señor, porque se trata de la cena que el señor celebró con sus discípulos en las vísperas de su pasión y de la anticipación del banquete de bodas del cordero ( Ap 19, 9) en la Jerusalén celestial, también es llamado fracción del pan, porque es un rito propio del banquete judío, asamblea eucarística, porque es la Eucaristía celebrada en la asamblea de los fieles, expresión visible de la Iglesia, memorial de la pasión y de resurrección del Señor, Santo sacrificio, santa y divina liturgia, comunión, porque este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su cuerpo y de su sangre para formar un solo cuerpo ( 1 Co 10, 16-17); se le llama también cosas santas, en el sentido primero de la comunión de los santos, santa Misa, porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío los fieles a la misión, a fin de cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.

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