Sí, Jesús va a morir otra vez, si los que decimos llamarnos cristianos, no hacemos que Él viva en nosotros y en el corazón de los demás. Si no somos coherentes con el Evangelio y no permitimos que por medio de nuestro testimonio quienes no lo conocen tengan un encuentro con el Señor, seremos agentes de muerte para aquel que dio la vida por nosotros.

Con este escrito, pretendo generar conciencia en cada uno de los creyentes, independientemente de la denominación cristiana a la que pertenezcan, sobre la urgente necesidad que tenemos de ser testigos de Cristo resucitado, pues es de gran preocupación ver cómo los cristianos cada día estamos tan divididos que solo generamos discordias, intolerancia entre nosotros mismos, actitudes que en nada favorecen que sea Jesús el rey del mundo, sino más bien, nos hemos convertido en raíz para las teorías que pretenden eliminar para siempre al cristianismo de la sociedad.

No se trata de uniformarnos y ser copias del otro, eliminando la capacidad de pensar y de ser uno mismo, sino de unirnos como cristianos en medio de nuestras diferencias, para proponer al mundo el Evangelio de Jesús, como medio eficaz en la construcción de una sociedad justa. No obstante, esto sólo es posible en la medida en que cada cristiano, se apropie de su ser cristiano y deje en primera instancia vivir y reinar a Jesús en su corazón, de modo que llegue a ser otro Cristo en la tierra.

Así es, si nosotros los cristianos no nos hacemos responsables de hacer que Jesús siga viviendo, él volverá a morir, y le daremos la razón a quienes están empecinados en desaparecer a Cristo del mundo. Es hora de ser cristianos de acciones concretas, de materializar el evangelio, de decir como san Pablo: “vivo pero no yo, sino que es cristo quien vive en mí”(Gal. 2,20), es decir, de mostrarle al mundo que Jesús vive y está presente en nuestra historia, no como una filosofía o una teoría, sino como una realidad capaz de transformar nuestra vida y en consecuencia, capaz de construir una sociedad fundamentada en el amor, la concordia, la misericordia y la paz.