Aprender de una manera y después aprender a desaprender para volver a aprender no es un trabalenguas, aunque lo parece.

Es la mejor manera de asumir la vida. Supongo que de la misma forma que de niños no teníamos televisor y luego este irrumpió en la rutina diaria e hizo cambios que aún no acabamos de medir. O cuando los científicos comprobaron que la tierra era redonda y se creía que era plana.

En fin, hay cosas que conocemos de una manera y resulta que acaban siendo de otra muy diferente.

El otro día una conocida mía se enterró un clavo muy oxidado en el pie, causándole por supuesto una herida dolorosa. Ve al médico le dijeron, y ella insistió en no ir y ponerse en cambio, y una mezcla de gas, tabaco y algo más que era el remedio de su abuela para esos casos. El resultado fue una tremenda infección que la mantuvo en cama por más de ocho días con el riesgo de perder el pie.

Eso me hizo pensar en qué forma nos casamos con lo que creemos cierto y no nos damos la oportunidad de aceptar que puede hacerse de otra forma y resultar mucho, pero mucho mejor.

Eso no solo le pasó a mi amiga, nos pasa a todos. Nos enfrentamos a nuevas formas de hacer las cosas y nos cuesta muchísimo aceptar que hay otras y que estas pueden ser mucho mejores.

Sin ir más lejos, cuando llegó el computador a mi vida por allá en los noventas mi reacción fue de terrible negación. Llegué a decir que cuando esos aparatos se volvieran populares en Colombia, ya estaría chueca, vieja e inhábil y heme aquí hoy en día sentada frente a uno y dando gracias a Dios que lo puedo usar y que me hizo la vida bastante más fácil y me mostró adelantos que tal vez de niña solo vi en ciencia ficción.

Pues bien, de la misma manera que la tecnología irrumpe y nos cambia las formas de hacer las cosas. Las ideas y las opiniones cambian también. Y cambiar las ideas es mucho más difícil que las prácticas y los usos. Para ser flexibles debemos aprender a escuchar al otro, permitir que la idea entre en la mente, analizarla y luego, pensar en la posibilidad de que es posible y entonces si, negarla o aceptarla.

Ser flexibles nos per mite ser dinámicos, ser además, tan resistentes a los embates como las palmeras a las que la brisa zarandea pero no tumba. Y nos permite además, mantener mejores relaciones con la gente a cuyos conceptos damos crédito y nos hace ser siempre interlocutores válidos.