Los cristianos, se supone que vivimos una experiencia especial con Jesús, es decir, que le hemos conocido, hemos estado con Él, hemos aprendido de sus enseñanzas y por esto creemos y confiamos en Él. Sin embargo, a veces no parece, porque tenemos actitudes de desconfianza, porque en los momentos de prueba, dudamos, nos sentimos solos y hasta pensamos que los problemas son superiores a nuestras fuerzas, e incluso, desconocemos el poder de Jesús.

Esta situación no es solamente actual, también la experimentaron los Apóstoles. Ellos vivieron con Jesús, compartieron con él, y sin embargo, dudaron de su poder, a pesar de tenerlo en medio de ellos. Nos cuenta el evangelista Mateo, que Jesús y sus Apóstoles iban en una barca y de repente se levantó una fuerte tempestad. Ellos sintieron miedo y le pidieron que les salvara. Él les responde: « ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. (Mt. 8,23-27)

Nos podríamos preguntar. ¿Por qué sintieron miedo si Jesús estaba a su lado? con seguridad nada malo les iba a pasar. Sin embargo, se sintieron desamparados y frágiles, no porque Jesús no estuviera ahí, sino porque su fe no era lo suficientemente fuerte para confiar en Él.

Esa misma situación la vivimos nosotros a menudo. Estamos con Jesús, hablamos de él, dedicamos nuestra vida a predicar su palabra, o hacemos parte de un grupo de oración o de alguna comunidad, pero en el momento de enfrentarnos a alguna prueba o dificultad, no confiamos en Dios, e incluso ni percibimos o no somos conscientes que Jesús está con nosotros en la barca de nuestra vida. Ahí, en esos momentos es donde realmente probamos nuestra fe, porque creer en Jesús es estar seguros que tanto en las situaciones de bienestar, como en los momentos de tormenta, él está ahí y si él está con nosotros, no hay por qué temer.

Jesús nunca nos deja solos en la barca de la vida. A pesar de las pruebas que puedan venir, sabemos que si nuestra fe está puesta en el Señor, nada malo nos puede pasar, él está ahí para aplacar la tormenta, llevar todo a la normalidad y devolvernos la paz.