P. RAFAEL GARCÍA HERREROS 
(Cúcuta, enero 17 de 1909 – Bogotá, noviembre 24 de 1992) 
 
El padre Rafael García Herreros Unda fue un sacerdote católico, eudista, que se destacó en Colombia, durante el siglo XX, por sus palabras y acciones en pro de una nación justa, equitativa y en paz, a partir del encuentro personal con Jesucristo, revelador de Dios y dador de su Espíritu. 
 

Nació en Cúcuta el 17 de enero de 1909, hijo del General Julio César García Herreros y doña María Unda Pérez, quienes le inculcaron fervorosa piedad y profundo amor patrio. Tuvo seis hermanos: Carmen, Matilde, Antonio, Miguel, Julio y Ana Elvira. Estudió la primaria en el Colegio de las Hermanas de la Presentación y en el Colegio Provincial, en su ciudad natal; y el bachillerato en el Seminario Menor de Pamplona. Cursó la filosofía y la teología en el Seminario Eudista de Usaquén, Bogotá, entre 1928 y 1934. Posteriormente, perfeccionó sus estudios en Filosofía y Sociología en Roma (Italia) y Friburgo (Suiza) entre 1950 y 1952. 
 
Se incorporó a la Congregación de Jesús y María, Eudistas, en 1932 y el 19 de agosto de 1934 fue ordenado sacerdote, en Bogotá, por el arzobispo Paolo Giobe, nuncio apostólico. En la comunidad eudista ejerció su ministerio presbiteral, primero en la formación de sacerdotes, de 1934 a 1950 y de 1952 a 1954, en los seminarios de Santa Rosa de Osos, Jericó, Mérida (Venezuela), Pamplona, Miranda, Cartagena y Cali, principalmente como profesor de Filosofía y de Lenguas clásicas (latín y griego); y después, en la dirección y realización de obras sociales y evangelizadoras.
Rafael García Herreros fue un sacerdote convencido de su ministerio y enamorado del sacerdocio de Jesucristo, siempre fiel a la Iglesia Católica, a la que defendió en diversos momentos, estuvo atento a las directrices del Magisterio y llamó a los creyentes a vivir de una manera concorde con su fe: 
 
¡Oh Jesucristo, esencial y único sacerdote de Dios!, desde el abismo de mi nada, yo te adoro; desde el fondo de mis imperfecciones, de mis infidelidades, me humillo ante Ti, confiando en Ti, ¡oh perfecto adorador de la Trinidad! 
 
Yo quiero invitarlo a usted a entregarse, a suplicar a Jesucristo que le envíe su Espíritu Santo. Ore continuamente, ore en pequeños grupos, porque donde dos o tres estén reunidos en el nombre de Jesús, allí estará Él. Ore para que se efectúe en usted el bello milagro de Pentecostés: el milagro de la perfecta conversión, el milagro del amor inusitado, el milagro de la alegría y del entusiasmo invencible por la propagación del Reino de Dios. 
 
En su tarea evangelizadora y de promoción vocacional, desde 1935 empezó el padre Rafael a desplegar gran actividad literaria con sus “Cuentos”, de los que publicó unos 250 a lo largo de su vida; luego fueron apareciendo muchos otros escritos: obras teatrales, vidas de santos, crónicas, oraciones, páginas espirituales, etc. El padre Rafael fue un místico y reflejó su experiencia interior en sus conversaciones, predicaciones, enseñanzas y escritos. Éstos, recogidos en diversos libros y folletos, han alcanzado varias ediciones. En la colección de Obras Completas del P. Rafael García Herreros, han visto la luz ya 24 tomos, con temas como: Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Iglesia, la Virgen María, el cristiano, Colombia, la paz, la justicia social… 
 
La primera inquietud del padre Rafael siempre fue amar y servir a Dios: 
 
Palabras a Dios... ¡A Dios infinito, a Dios como una Realidad! Tú eres mi Dios. Mi infinito. Mi Realidad. Quiero recordar simplemente que Tú eres una Realidad, que no eres una palabra ni eres un sueño ni sólo un concepto, sino que eres algo real, absolutamente real…
 
Hablemos del amor de Dios. Yo quiero hablarles de Ti, Dios mío. De tu infinito amor, de tu infinita belleza, de tu infinita ternura. Quiero invitarlos a todos al amor. Quiero invitarlos a todos a sumergirnos en el abismo de Dios, de su infinita grandeza, de su infinito perdón, de su infinita misericordia.
 
Quiero decirles a todos ustedes que aprendamos a dar gracias, porque Dios nos rodea de su amor y de sus bienes.
 
¡Quién te pudiera amar, Dios mío! ¿Quién pudiera cumplir tu voluntad momento tras momento? ¿Quién pudiera no olvidarte? ¿Quién pudiera hacerlo todo por Ti, no alejar el pensamiento de Ti? ¿Quién pudiera tener una idea clara de Ti? Todo lo demás es nada. Todo lo demás no llena. Todo demás da nostalgia. 
 
El padre Rafael García Herreros tenía un profundo amor por la Palabra de Dios, que leía permanentemente y que impregnaba sus predicaciones: 
 
A pesar de la infinita lejanía que nos distancia de Jesucristo, como Dios, sin embargo, estamos en una inmensa cercanía con Él, porque nos hace cuerpo suyo, miembros de su cuerpo y quiere que nosotros podamos decir: “En Él vivimos, nos movemos y somos”. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados ni las potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”. 
 
Jesucristo, el infinito, el eterno, el adorable, el Hijo de Dios, igual a Dios, se aniquiló y se rebajó hasta ser hombre, hasta la muerte y muerte de cruz. Todo hombre cristiano, aun en los puestos más importantes, tiene la oportunidad de ser humilde, de ser modesto, de imitar a Jesucristo en su kénosis, que siendo Dios, tomó forma de siervo y siendo hombre, se humilló haciéndose obediente hasta la cruz. 
 
En 1946 comenzó en Cartagena su actividad radial, con el programa “La hora católica”. En febrero de 1950 inició, también en Cartagena, el programa radial “El Minuto de Dios”, que transmitió luego desde Cali en enero de 1952, desde Medellín en septiembre de 1954 y desde Bogotá en diciembre de 1954. En enero de 1955, empezó la transmisión de “El Minuto de Dios” por televisión, programa diario (el programa vigente más antiguo de la televisión colombiana) a través del cual durante 38 años habló acerca de Dios, del hombre y de la patria. 
 
El padre Rafael fue un predicador que llamó permanentemente a los colombianos a la conversión, a la entrega personal a Jesucristo por la acción del Espíritu Santo, y al compromiso en la vida cristiana, con énfasis en los sacramentos del bautismo y del matrimonio. La Conferencia Episcopal Colombiana le otorgó, el 27 de agosto de 1981, la medalla Inter Mirifica “por su infatigable labor al frente del programa el Minuto de Dios, con todo lo que supone de labor social y evangelizadora”. 
 
La experiencia en comunicación social y el interés por propiciar la restauración de los valores cristianos en el país llevaron al padre Rafael García-Herreros a fundar una emisora en Bogotá y a desarrollar el trabajo de El Minuto de Dios a través de los medios de comunicación social. En mayo de 1987, con la bendición del señor Cardenal Mario Revollo Bravo, salió al aire la Emisora Minuto de Dios (107.9 FM estéreo), “una emisora para la gloria de Jesucristo”, con programación cultural y evangelizadora, que fue la semilla de nuevas emisoras. 
 
De 1955 a 1958, el padre García Herreros fue director de la revista Cathedra, para sacerdotes. 
 
En 1955 inició la atención a los pobres, la erradicación de tugurios y la construcción de viviendas, en diversos barrios de Bogotá. En 1956 comenzó, en la capital, el barrio Minuto de Dios, experiencia que el BID consideró modelo de erradicación de la pobreza. 
 
Evangelizador y catequista, el padre buscó que el barrio fuera una comunidad cristiana organizada, solidaria y progresista, erigida canónicamente como parroquia San Juan Eudes, en 1965, por decreto del señor Cardenal Luis Concha. El P. García Herreros fue nombrado párroco, servicio que desempeñó hasta su muerte. Desde allí ejerció un liderazgo espiritual que se extendió por toda Colombia, impulsando la Renovación Carismática de la Iglesia Católica en el país. Propició la realización de retiros para sacerdotes, concilios de jóvenes, congresos de evangelización y conformación de grupos y comunidades de oración. En la parroquia florecieron diversos movimientos apostólicos, como Cursillos de Cristiandad, grupos neocatecumenales y, sobre todo, la Renovación Carismática. 
 
Dotado de gran sensibilidad ante la belleza, el padre creó en el barrio Minuto de Dios, en 1966, el Museo de Arte Contemporáneo, con el propósito de apoyar a artistas jóvenes y hacer accesible el arte y la cultura a personas y familias de todos los estratos sociales. En 1971 se construyó el Teatro Minuto de Dios, de manera que el barrio se fue convirtiendo en una ciudadela educativa y cultural, “maqueta de la futura Colombia, proyecto de una ciudad ideal”. 
 
En 1958, obtuvo la personería jurídica de la Corporación El Minuto de Dios, como entidad sin ánimo de lucro, comprometida en el desarrollo integral de la persona humana y de las comunidades marginadas, que ha podido construir setenta mil viviendas, nuevas o mejoradas, lo cual representa una población cercana a los 350.000 habitantes, o sea, el equivalente a un municipio intermedio de Colombia. 
 
Esta labor se extendió por todo el país, especialmente ante desastres naturales: en 1983, El Minuto de Dios colaboró en la reconstrucción de Popayán; en 1985, el padre lideró a nivel nacional la respuesta de los colombianos ante la tragedia ocasionada por el volcán del Ruiz: construcción y desarrollo social en Lérida, Guayabal y Chinchiná; en 1987 el P. García Herreros promovió una respuesta social ante los deslizamientos en Villa Tina (Medellín) y se construyó el barrio Héctor Abad Gómez, en la misma ciudad. En 1988 propició una respuesta social ante las inundaciones del río Sinú. En 1989 inauguró el Barrio de las Reinas, en Cartagena. 
 
Los programas de vivienda y organización comunitaria y los proyectos de atención en desastres se siguen desarrollando en El Minuto de Dios, complementados con programas de atención a población vulnerable, capacitación para el trabajo, asesoría en creación de microempresas, microcréditos, etc. 
 
La preocupación del padre García Herreros por el bienestar de las familias cristalizó en esfuerzos por crear empleos: fomentó la industria artesanal y la apertura de talleres de ebanistería, tapetes y artículos de cuero y dio origen a una empresa de confecciones para generar empleos y capacitar operarios; esta entidad, constituida actualmente como corporación industrial, ofrece asesoría y capacitación a instituciones para reducir costos, crear puestos de trabajo e industrializar procesos. 
 
En 1956, el padre Rafael inició la fundación de escuelas en la periferia de Bogotá; en 1958 fundó el Colegio Minuto de Dios, que ha dado lugar a la creación de 18 colegios y siete jardines infantiles, en diversas ciudades del país, con cerca de 25.000 estudiantes. Adicionalmente, en 1988 fundó la Corporación Universitaria Minuto de Dios para formar profesionales competentes, éticos y socialmente responsables. Actualmente, el sistema universitario Uniminuto tiene presencia en 42 municipios de Colombia y brinda educación a más de 75.000 alumnos, con programas técnicos, tecnológicos, profesionales y de posgrado. A ellos se suman otros cursos de educación no formal que ofrece El Minuto de Dios, de manera que la población beneficiada con programas de
educación supera las cien mil personas. 
 
La preocupación del P. Rafael por las clases marginadas y menos favorecidas del país hizo que en 1963 entrara a La Motilonia e iniciara el trabajo de cristianización y civilización de los indígenas Bari. Éste y otros esfuerzos evolucionaron hasta la creación de la Fundación de Asesorías para el Sector Rural – Fundases, que provee tecnología limpia para la mejora de la producción agrícola y ganadera, la purificación de aguas y la protección del medio ambiente. Por otra parte, el padre García Herreros apoyó la creación de la Fundación Eudes, que atiende a enfermos de SIDA y portadores del VIH. 
 
El padre Rafael se comprometió en los procesos de paz vividos en Colombia. Visitó, en compañía de miembros del Gobierno, La Uribe, en 1985. Colaboró en la entrega, a las autoridades, de Pablo Escobar. Y se comprometió en la liberación de varios secuestrados, como la doctora Maruja Pachón y el doctor Francisco Santos, y algunos más. Ese proceso minó su salud, lo que indudablemente apresuró su muerte. El sufrimiento de los colombianos presos en cárceles extranjeras lo llevó a trabajar, en la última etapa de su vida, por la repatriación de esos compatriotas. 
 
Se caracterizó siempre por ser un hombre creativo, innovador, y por hacerlo todo en el nombre del Señor. Empleó la inventiva especialmente para buscar alternativas de solución en la erradicación de la pobreza. En 1961 el padre Rafael ideó y realizó el primer Banquete del Millón, “la cena más rica y más pobre del mundo”, para recoger recursos con los cuales financiar las obras sociales, evento que se instituyó en Colombia y se sigue celebrando. Y a lo largo de los años realizó campañas para invitar a los católicos y a los colombianos en general a ejercer la responsabilidad social con sus compatriotas necesitados. En el Banquete del Millón de 1973, el padre García Herreros expresó así su pensamiento: 
 
Yo quiero decirte hombre, que he descubierto que el secreto para ser feliz es amarte, y quisiera contarlo a todos y quisiera consagrar mi vida a tu servicio. Tú me has envuelto en el mismo y único amor de Dios. Amarás al Señor tu Dios y a tu hermano el hombre. Este es el mandato. 
 
Cuando estoy junto a ti, sé que estoy cerca de Dios. Todo cuanto hago por ti, hombre, lo hago por el eterno, por el infinito que es Dios. Cuando te amo, estoy auténticamente amando a Dios. Porque la expresión más auténtica de nuestro amor a Dios es nuestro amor al hombre. 
 
Oh hombre, quiero hacer de la vida un acto de amor a ti. Quiero servirte, quiero consagrarme a tu bien, a tu mejoramiento, a tu transformación. Trabajaré con delirio. No descansaré hasta verte como lo mereces; hasta cambiar la estructura de la ciudad en favor tuyo. Hasta hacer la ciudad humana. Sé que es necesario abrirte anchas las puertas del mundo. Que todo te pertenece. Que no deben estar cerrados para ti los portones del progreso y del bienestar. 
 
¡Oh hombre! ¡Oh campesino! ¡Oh trabajador! ¡Oh técnico! ¡Oh artista! ¡Oh caminante! ¡Oh luchador! Yo sé que hay que hacer una revolución en favor tuyo, pero sin derramar una gota de sangre; una revolución con ciencia, con energía, con amor. Siento, hombre, la justicia de una revolución en tu favor. Miro con pesadumbre tus sufrimientos, tu pobreza, tu soledad. Quisiera que cambiara el mundo para ti. Hombre, hermano mío: tú no debes vivir en una choza. Debes lograr el rango que te pertenece. No puedes carecer de lo que otros tienen en abundancia. No puedes seguir sollozando por mi culpa, ni seguir viviendo pobre y en harapos. Tú no puedes ser eternamente marginado. 
 
De la pobreza, el padre García Herreros tenía un concepto particular: 
 
La pobreza es la amplitud del corazón y, lo que les he dicho muchas veces: necesitar de los otros para ser feliz… Lo superfluo pertenece a los pobres. Ustedes son los administradores de los bienes de Dios… Dios no quiere la riqueza, pero tampoco quiere la miseria... La pobreza es la libertad, la miseria la desesperación.
 
Pobre y mísero es el que no tiene a Cristo en su corazón, aunque viva en la bella residencia del Nogal, aunque tenga más tierra de la que necesita para su sepultura. Y es rico el del miserable tugurio de latas, si tiene a Cristo. Aunque sería más evangélico y más agradable al mismo Cristo que no viviera en latas, sino de acuerdo con la dignidad cristiana correspondiente al Cristo que quiere completarse y busca integrar su plenitud mística en los elegidos; al Cristo que va subiendo a los pobres, a través de la verdadera dialéctica histórica, va redimiendo a los hombres de su miseria material y espiritual. 
 
Pobre y generoso, el padre Rafael vivió siempre en un ambiente de sencillez, como puede observarse en los artículos de su uso personal: vestidos, mobiliario… Por sus manos pasaron caudales de dinero, de los cuales no reservó nada para sí. Vivió siempre la caridad, en el desprendimiento de las cosas materiales en favor de los otros y en su compromiso por ayudar a las personas y por transformar las estructuras sociales, aplicando la doctrina social de la Iglesia Católica. 
 
A lo largo de su vida, el padre recibió muchos premios, reconocimientos y condecoraciones, entre los que cabe mencionar la Cruz de Boyacá y la Cruz de San Carlos, de la Presidencia de la República y la Orden Civil al Mérito “Ciudad de Bogotá”, de la Alcaldía Mayor de Bogotá. En varias ocasiones, especialmente en 1991, su nombre fue postulado para el Premio Nóbel de la Paz. Al recibir el galardón “Nemqueteba de oro”, por parte de la Televisora Nacional, en 1956, expresó el padre Rafael: “Lo único que ambiciono es un modesto premio a los ojos de Dios”. 
 
 
El padre García Herreros falleció en la casa cural del Minuto de Dios, en Bogotá, en la noche del 24 de noviembre de 1992, mientras en el Hotel Tequendama se celebraba el 32º Banquete del Millón. El testimonio sacerdotal de su vida fue siempre intachable y su recuerdo perdura después de veinte años en el corazón de sus hermanos de comunidad, en el de sus discípulos, en el de los habitantes del barrio, en el de las familias beneficiadas a través de los programas que realizó y también en el corazón de los colaboradores y benefactores de la obra que inició.
 
Bogotá, enero de 2013

 

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